La Brega: Las banderas de Alberto Mercado — Transcripción del episodio
Alana: Alberto Mercado vive en un altar.
Bueno, en realidad, vive sobre un pequeño museo que honra su increíble vida. Sin embargo, el altar no es para él; es para Puerto Rico.
[Música]
El museo, un edificio de dos pisos, está en una esquina del centro urbano de Cayey, Puerto Rico.
Si lo visitas —y deberías— te vas a encontrar con Alberto, un afroboricua de 5 pies y 5 pulgadas, de pelo cortito, e inmaculadamente afeitado. El día que lo conocimos, tenía una camisa de botones blanca, impecable y bien planchada, y Alberto olía a esas lociones para después de afeitarse: bien varonil.
Con 64 años, está todavía fuerte. Y es un tipo bien amigable, con una sonrisa traviesa y un sentido del humor muy original…
Alberto Mercado: Yo fui a Belgrado, Yugoslavia, y el avión voló 15 minutos por debajo del agua.
Laura: (aguanta risa)
Alberto Mercado: ¿No me lo crees?
Alberto Mercado: ¡Estaba lloviendo!
Alana: (risa)
Alana: El museo tiene dos cuartos que están llenos, de tepe a tepe, con fotografías, memorabilia y recortes de periódicos enmarcados, de cuando Alberto estaba activo en el boxeo. Cada pared está forrada con memorias de una vida dedicada a representar a Puerto Rico.
Alberto Mercado: Fui campeón centroamericano del Caribe en 1976 en Kingston, Jamaica. Fui campeón centroamericano en 1977 en la Ciudad de Panamá…
Alana: Es tanto, que llega un punto en que uno empieza a preguntarse: ¿quién guardó y preservó todo esto?
Alberto Mercado: Tremenda pregunta, buena pregunta… mi mamá. Guardaba todo, cada vez que salía en la prensa…
[Música]
Alana: Cuando era todavía un boxeador joven y exitoso, Alberto la veía recortando cuidadosamente cada artículo o reportaje sobre él.
Alberto Mercado: “Mami, ¡bota eso! Si yo, mañana, salgo en el periódico de nuevo. Bota eso”.
[Música]
Alana: Ella lo que sentía era orgullo. Así que le decía: “mira, tú sigue con lo tuyo, que yo me encargo de lo mío”.
Alberto Mercado: Mi mamá, pues, falleció, y yo, en honor a ella, recogí todo. Empecé a guardar. Empecé a guardar y mire…
(Sonido ambiente del equipo de La Brega conociendo a Alberto).
Alana: El productor Ezequiel Rodríguez Andino, nuestra editora Laura Pérez y yo visitamos a Alberto porque queríamos saber de primera mano la historia detrás de una foto en particular.
Una foto que le ha llamado la atención a Ezequiel por muchos años.
La foto es en blanco y negro, es una parada en una pista de atletismo. En el centro: tres hombres vestidos de blanco. Y uno es Alberto.
Son las Olimpiadas de Moscú de 1980.
Ezequiel: Yo tengo esta foto en mi casa. Yo no la tengo tan grande como tú, pero la tengo, porque esto, pa’ mí, de chamaco…
Alberto Mercado: Gracias. Gracias.
Alana: Y, como Ezequiel fue quien me enseñó la foto por primera vez, aquí está él para contar la historia.
Ezequiel: Mira, hay dos cosas que siempre me han llamado la atención cuando veo esa foto. La primera es que Alberto, con sus dos compañeros, también afroboricuas, no están sonriendo.
Alberto Mercado: Serio, serio y serio.
Ezequiel: Y el otro detalle es que, en el asta que carga Alberto al frente del trío, él lleva la bandera olímpica y no la de Puerto Rico.
Alberto Mercado: Pues yo, lamentablemente, desfilé con mi bandera olímpica, pero yo pude llevar la bandera mía —la bandera puertorriqueña—, mi bandera.
Ezequiel: Alberto era nuestro abanderado, pero no desfiló con nuestra bandera. Y la realidad es que el mero hecho de estar ahí fue la culminación de una saga que duró meses. Y este momento fue el resultado de un giro dramático que ocurrió a solo minutos de que se tomara esta foto. Un giro dramático que provocó esas caras largas del desfile y arrepentimientos que duran toda una vida.
Alberto Mercado: Este día pasaron muchas cosas 10 minutos antes de esta foto. ¡Diablo! ¿Las digo o no las digo?
[Tema musical de La Brega]
Ezequiel: Para Futuro Studios, yo soy Ezequiel Rodríguez Andino y esto es La Brega. En este episodio: Las banderas de Alberto Mercado.
Alberto Mercado: Mi nombre es Alberto Mercado. Gracias a mi participación, tus hijos, tus nietos, tus bisnietos tienen soberanía deportiva. Y aquí estoy. Pero, no empecemos por ahí, vamos, vamos a empezar por el principio.
Ezequiel: Dale, sí, Alberto, vamos desde el principio.
[Música]
Alberto nació en Cayey, Puerto Rico, en 1961. Fue el penúltimo de nueve hijos en su hogar. Su madre dejó de trabajar en una fábrica de telas para dedicarse a criar a sus hijas e hijos. Su papá era vendedor ambulante. Vivían en el residencial público Luis Muñoz Morales de Cayey.
Alberto Mercado: Me crié en un ambiente de mucha pobreza. Cuando había comida, pues comía, y cuando no había comida —pues, ya tú sabes— pues no comía.
Ezequiel: Alberto, como miles de niños boricuas, estudiaba en una escuela pública. Aunque a él, la escuela no le gustaba mucho.
Alberto Mercado: Bueno, yo, en la escuela, a mí todo el mundo me daba, yo estaba cogiendo bofetá’s de todo el mundo. “Alberto, no, Alberto pelea. Alberto pelea”. Porque yo empecé peleando en la calle y, de la calle, me fui al gimnasio.
Ezequiel: Había un gimnasio en el caserío donde él vivía, ahí fue donde vio a uno de sus hermanos mayores desarrollarse como un boxeador que llegó a competir por un campeonato mundial.
Alberto Mercado: Traté de copiarme de él. Yo quería hacerlo igual que él, pero llegué un poquito más alto… “Alberto, tres rounds de shadow boxing: ¡ma, ma! Estoy entrenando, ahí yo le estoy pegando a mi rival.
Ezequiel: Cuando Alberto nos enseña, ahora a sus sesenta y pico de años, cómo entrenaba en sus años de gloria, todavía demuestra agilidad, gracia…
Alberto Mercado: Pa, pa, pa… (mientras mueve sus puños)
Ezequiel: Y, si miras bien sus ojos, puedes ver una chispa de candor. Pero cuando nos empieza a narrar lo que tiene en la mente…
Alberto Mercado: Quiero hacer daño, romperle la cara, cortarlo, romperle… ¡partirle los dientes! Este, eso es lo que yo quiero. ¡Uno, dos; uno, dos, tres, cuatro! Esa agresión viene desde pequeño.
Ezequiel: Como que, si tú hubieras estado en otra escuela donde no te cayeran encima, ¿tú crees que hubieras sido igual de agresivo?
Alberto Mercado: No, no, no, no. Porque ahí llegó, ahí llegó la capacidad esa de yo querer pelear.
Ezequiel: En 1975, se organizaron en Puerto Rico las llamadas Olimpiadas Jíbaras de La Vivienda. La idea era que los jóvenes de los residenciales públicos se conocieran y compitieran entre sí. Alberto, con tan solo 14 años, representó a su caserío y ganó.
[Música]
La madre de Alberto no estaba muy contenta porque ya había tenido que ver a dos de sus hijos convertirse en boxeadores, y, pues, no le encantaba la idea. Pero le dijo:
Alberto Mercado: “Si vas a boxear, haz las cosas bien o no las hagas”.
Ezequiel: Y Alberto vio cómo le fue a los atletas que hicieron las cosas bien. El púgil boricua Orlando Maldonado ganó bronce en los Juegos Olímpicos el próximo año, y el recibimiento en Puerto Rico fue enorme.
Alberto Mercado: “¡Diablo”!… Y eso me motivó a mí a yo seguir en el boxeo y a entrenar más fuerte, más fuerte, más fuerte.
Ezequiel: Alberto quería ser el primer atleta boricua en volver al país con el oro olímpico.
Y ese sueño no era imposible. A los 17 años, Alberto gana una medalla de oro en los Juegos Centroamericanos. Esto le llama la atención a una persona que le cambiará la vida: Germán Rieckehoff Sampayo.
Alberto Mercado: Don Germán Rieckehoff Sampayo, desde que yo lo conocí a él, como me recibió en su oficina… Y yo recuerdo que me da un billete de a cien. “¡Ea rayo, un billete de a cien”! ¡Yo pensé que yo era rico!
Ezequiel: Don Germán era entonces el presidente del Comité Olímpico de Puerto Rico, y ha sido una de las personas más influyentes en el olimpismo puertorriqueño.
Alberto Mercado: Era un hombre firme y fuerte. Estaba bien claro en lo que él decía.
Don Germán estaba en medio de los preparativos para los Juegos Panamericanos, el encuentro deportivo más importante de las Américas. San Juan era la sede, y la prensa deportiva en el país vio a Alberto como nuestra mejor esperanza para el oro.
Alberto Mercado: “La única medalla que va a ganar el Puerto Rico de oro va a ser la de Alberto Mercado”… “Ea diantre, la presión que me acaba de poner la prensa”. Y yo era un poco indisciplinado. Y bueno, yo dije: ¿qué yo voy a hacer ahora?
Ezequiel: Y es que la presión de ganar por Puerto Rico era también histórica. Aunque Puerto Rico no tiene soberanía política al ser una colonia estadounidense, en el deporte, Puerto Rico sí es soberano.
Esto convierte los eventos deportivos internacionales en uno de los pocos escenarios donde nos ven —y nosotros también nos vemos— como un país.
Don Germán decidió acuartelar a Alberto y sus colegas boxeadores en Vieques, para que se concentraran en su preparación, lejos del ruido y las distracciones.
Alberto Mercado: Pues nos llevaron pa’ Isla de Vieques a entrenar, porque allí Alberto Mercado no conoce a nadie y nadie me conoce.
Eso le sirvió como anillo al dedo a Alberto, ya que logró ganar el oro panamericano.
ARCHIVO:
CBS SPORTS
Conductor de noticias: As we return now to our boxing coverage…
Ezequiel: En un reporte especial de CBS sobre la competencia de boxeo panamericano, se puede escuchar la sorpresa del ancla mientras declara que Puerto Rico aparece alto en el medallero.
ARCHIVO:
CBS SPORTS
Conductor de noticias: The United States won four gold medals out of six. Puerto Rico, two out of six. But those two gold medals are the first ever won by Puerto Rico in Pan-American Games history.
Alberto Mercado: Se ganaron dos medallas: José “Papo” Molina y yo.
Ezequiel: Y fue tan grande la hazaña de los medallistas boricuas, que la cerveza local que se bebe más en Puerto Rico toma su nombre de esas medallas.
[Música]
Conseguir el oro panamericano en su propia casa convertía a Alberto en uno de los favoritos para ganar el peso mosca en Moscú en 1980.
Alberto Mercado: Eso es lo que yo quería hacer. Pues yo tenía una real oportunidad de hacerlo. Estaba, estaba en el top, como decimos nosotros, ¿verdad? Tenía toda la fortaleza.
Ezequiel: El camino de Alberto hacia ese oro olímpico se veía cada vez más claro y directo.
Pero la Navidad del 79 traía entre sus regalos una desagradable sorpresa. Otro tipo de pelea —una política— pondría en riesgo, no solo los sueños olímpicos de Alberto, sino de todos los boricuas.
Eso viene después de la pausa. Esto es La Brega.
[Música]
Ezequiel: 27 de diciembre de 1979. Muy lejos de Puerto Rico, tropas soviéticas tomaron Kabul, la capital de Afganistán, como parte de un golpe de estado. Los soviéticos defendían la invasión como un acto de solidaridad con el gobierno comunista afgano, mientras que Estados Unidos la condenaba como una agresión contra un país en crisis.
Esta invasión de Afganistán aumentó las tensiones que ya existían entre la Unión Soviética y los Estados Unidos.
En su mensaje del estado de la nación en enero de 1980, el presidente estadounidense Jimmy Carter anunció, no solo sanciones económicas, sino una medida inesperada.
ARCHIVO:
800123_ Carter_State of the Union Address C-SPAN
Presidente Jimmy Carter: And I have notified the Olympic Committee that with Soviet invading forces in Afghanistan.
Ezequiel: Que los Estados Unidos llamarían a un boicot contra las Olimpiadas como estrategia para exigir la salida de la entonces Unión Soviética de Afganistán.
ARCHIVO:
800123_ Carter_State of the Union Address C-SPAN
Presidente Jimmy Carter: Neither the American people nor I will support sending an Olympic team to Moscow. (applause)
Ezequiel: Los atletas estadounidenses no podían ir a las olimpiadas, y esa decisión implicaba a los puertorriqueños, porque tienen ciudadanía americana.
Con casi seis meses para las olimpiadas de Moscú, se estaba cuestionando la soberanía deportiva, ese espacio donde los boricuas tomaban sus propias decisiones.
La presión no fue solo por el detalle de la ciudadanía, sino porque el gobierno de Puerto Rico apoyaba el boicot. El entonces gobernador era anexionista. Se llamaba Carlos Romero Barceló. Él hizo una campaña pública en la que insistió que los boricuas tenían que unirse al esfuerzo estadounidense. Pero como ya sabemos, a Puerto Rico le encanta ver a sus atletas ganar. Esa fiebre se nos había pega’o el año anterior con los juegos panamericanos. Y, encima, la gente percibía el conflicto afgano como algo bien lejano.
Antonio Fas Alzamora: Afganistán la gente no sabía ni dónde era.
Ezequiel: Ese es Antonio Fas Alzamora. En el 79, era un novato en la Cámara de Representantes de Puerto Rico.
Antonio Fas Alzamora: Si, tal vez, la invasión hubiera sido a República Dominicana o algún país cercano aquí —Venezuela, qué sé yo qué—, este, pues a lo mejor hubiera habido una reacción distinta, Pero, por allá, la gente no sabía…
Ezequiel: Él vio de primera mano cómo la administración de Romero Barceló decidió que, ante tanta apatía, la mejor manera de ser fiel a Estados Unidos y su boicot era intentar imponerlo mediante legislación.
Antonio Fas Alzamora: En la Cámara, hubo una resolución respaldando el boicot y oponiéndose a la participación de Puerto Rico.
Ezequiel: Mientras el posible boicot estaba en boca de todo el mundo, Alberto, que tenía 19 años, seguía entrenando mientras estudiaba en la escuela superior.
[Música]
Ezequiel: Faltando menos de cinco meses para las Olimpiadas, el periódico “El Mundo” publicó un artículo en el que lo cita en contra del boicot. Dice Alberto: “Ganar una medalla de oro es una oportunidad que se nos presenta y no debemos dejarla perder”.
Los periódicos le siguen dedicando titulares, columnas y reportajes al boicot estadounidense y le preguntan sobre el tema a los atletas y entrenadores. Mientras el gobierno continúa con su campaña y empieza a presionar a las federaciones deportivas de manera individual.
Antonio Fas Alzamora: Realmente, era un absurdo. Y finalmente prevaleció. El Comité Olímpico no recibió chavos del gobierno. Metieron presiones en las federaciones para no darles chavos que antes les daban, y les quitaron los chavos a las federaciones.
Ezequiel: En medio de esta presión económica y política, el presidente del Comité Olímpico de Puerto Rico, Don Germán Rieckehoff, insiste en que la soberanía deportiva tiene que protegerse y que ningún gobierno puede imponer un boicot.
Faltando solo 3 meses pa’ Moscú, el Comité informó que será cada Federación —y sus deportes— los que decidirán si envían sus atletas o no.
Para Alberto, esto significó que su oportunidad de ir a buscar el oro recaería en los delegados de la Federación de Boxeo de Puerto Rico.
(Sonido de campana de boxeo)
Durante este periodo, en cada aparición pública, él dejaba saber que quería ir a las Olimpiadas. Era transparente y muy claro. Incluso, envió un comunicado a la prensa que leía:
Ezequiel: “Como púgil aficionado, me he sacrificado permaneciendo en la Federación con miras a darle una medalla a mi patria en las Olimpiadas de Moscú.”
Alberto Mercado: Todas las federaciones le cogieron miedo, le cogieron miedo al cuco.
Ezequiel: Desde abril hasta mayo, Puerto Rico fue conociendo la decisión, una a una, de las federaciones deportivas. La de tiro, la de natación… Una detrás de otra anunciaban lo mismo: que no llevarían a sus atletas a las Olimpiadas.
Con solo 47 días para el desfile en Moscú, en Puerto Rico, quedaba una sola federación por pronunciarse. Era la Federación de Boxeo, que finalmente se reunió ese mismo día y decidió:
Mario: Por votación de 9-5, no asistir a lasOlimpiadas. Mercado le pidió a los delegados de boxeo que le concedieran un turno para hablar, y el mismo le fue concedido… unánimemente.
[Música]
El gobierno de Romero Barceló sintió que había ganado la pelea, y hasta un columnista pro boicot publicó lo siguiente:
Mario: “La Federación de Boxeo ejerció su autonomía deportiva antes de anoche. De a pie, de cara al sol, decidió mayoritariamente que el interés general de Puerto Rico está por encima de una obsesión olímpica y de los intereses individuales de un atleta”.
El Mundo – 5 de Junio 1980
Ezequiel: Pero Alberto, con sus 19 años y muchas ganas, no paraba de insistir.
Dijo lloroso, ante la prensa, que la decisión de su Federación había sido una traición.
Alberto Mercado: Yo vivo en una democracia. ¿Una democracia? ¿Esto es una democracia? Hasta cierto punto de vista, sí y no es una democracia. Porque no me, no me querían dejar a mí hacer lo que yo quería hacer, y era positivo.
Ezequiel: Alberto, que peleaba en la división de peso mosca, en esos días se comportó precisamente como una mosca molestosa que se posaba en las esquinas del bizcocho de la victoria del boicot. Para tratar de acabar de espantarlo, lo acusaron de usar el tema como trampolín para eventualmente convertirse en boxeador profesional, y no tanto por su interés de representar a Puerto Rico como aficionado. Otros decían que solo quería ir a Moscú a pasear.
Alberto Mercado: Yo no quería un viaje de placer ni satisfacción. Yo quería hacer un viaje de orgullo. Ser el primer puertorriqueño en ganar oro.
Ezequiel: Alberto no era el único olímpico que no se rendía. Desde su silla en la presidencia del Comité Olímpico, don Germán continuaba buscando maneras de que Puerto Rico estuviera en Moscú.
Alberto Mercado: Recuerdo que Don Germán me dijo a mí si yo quería ir, y yo le dije que con mucho gusto, que yo iba a representar a todos los puertorriqueños.
Ezequiel: La propuesta era: que a Moscú iría una delegación simbólica que defendería la soberanía deportiva de Puerto Rico mientras protestaba la invasión soviética desfilando con la bandera olímpica en vez de la puertorriqueña. Otros países también iban a hacer esto, como Australia e Irlanda, por ejemplo. Y así es cómo, un domingo de junio de 1980, con solo 41 días para ir a las Olimpiadas, la Federación de Boxeo se reúne otra vez y aprueba esa propuesta.
Alberto Mercado: Desafiando el mandato del presidente Jimmy Carter, cuando nos dice a nosotros los puertorriqueños —especialmente a mí— que yo no voy para Rusia porque “ustedes los puertorriqueños son de mi propiedad”. Yo le dije que “yo soy propiedad de mi mamá y mi papá, y yo voy para Rusia pase lo que pase”.
Ezequiel: A Alberto lo designaron abanderado. Otros dos boxeadores, José A. Molina y Luis Pizarro, que también habían clasificado, lo acompañarían. Este giro inesperado fue como un balde de agua fría para la administración de Romero Barceló, que juraba que los rounds de esta pelea ya se habían acaba’o. Y es, en este momento, cuando Alberto Mercado empieza a conocer de primera mano las tácticas tras bastidores que se gastaba la administración. Primero, empezaron “a las buenas”…
Alberto Mercado: Me ofrecieron una casa, un carro y una pensió por el resto de mi vida. Y yo dije que no. “No me interesa. Yo, lo único que me interesa es que ustedes, los malditos políticos, me dejen quieto”.
Ezequiel: Y cuando eso no funcionó, pues, a las malas… Un día, le tocan la puerta a la mamá de Alberto.
Alberto Mercado: La visitaron a mi mamá, los políticos penepés, de los grandes, de los altos. Viera Martínez era uno.
Ezequiel: Ángel Viera Martínez había presidido la Cámara de Representantes de Puerto Rico y, en ese momento, era legislador del partido en el poder, el Partido Nuevo Progresista. Y fue el autor de la resolución de apoyo al boicot de la que nos habló Fas Alzamora.
Alberto Mercado: Que le van a quitar los cupones de alimento, que posiblemente los van a sacar del residencial público…
Ezequiel: En el museo, Alberto tiene expuestas notas de prensa de la época que mencionan estas amenazas. Buscando más sobre el tema, encontré otros artículos que documentan estrategias de intimidación parecidas contra otros deportistas. Cuando hablé con Fas Alzamora, le pregunté si el gobierno de entonces usaba este tipo de tácticas.
Antonio Fas Alzamora: Ellos usaron todas las tácticas habidas y por haber, las que se conocen y sabe Dios cuántas otras que no se conocen.
Ezequiel: ¿O sea, eso sí pasó? ¿Eso estaba pasando?
Antonio Fas Alzamora: Sí.
Ezequiel: ¿No es que la gente se lo inventó?
Antonio Fas Alzamora: No, no. Había presión.
Ezequiel: ¿Y venía de Fortaleza?
Antonio Fas Alzamora: Claro. El mollero de Romero; un gobernador muy fuerte. Hay mucha oscuridad en muchos momentos de la historia, tanto de parte de Estados Unidos como del propio gobierno de Puerto Rico del pasado.
Ezequiel: La sombra de esa oscuridad es bien larga. Un exgobernador de Puerto Rico, también estadista, que en ese momento era el Presidente del Senado, decidió meterse en la discusión pública sobre el boicot. ¿Su nombre? Luis A. Ferré.
Ferré publicó, en un periódico que es propiedad de su familia, una carta a página completa dirigida a Alberto.
Alberto la tiene enmarcada en su museo, porque Ferré no sólo la publicó en el periódico, también le envió una copia a México, donde estaba entrenando.
Alberto Mercado: Le dije a un amigo mío que me la leyera, pa’ entenderla. Yo la leí, pero como que no la entendí… “¿Qué está pasando aquí?… “Chacho, tú… tú tienes… están pidiendo un millón de pesos por tu cabeza”.
Ezequiel: La carta es larguísima, así que voy a leer las partes que más me revuelcan el estómago:
Ezequiel “Millares de atletas en todos lo continentes así como en Puerto Rico no van a la Olimpiada, pero tú los abandonas y rehúsas compartir su sacrificio. Te dejas arrebatar por la tentación de unas ambiciones cuando otros se inmolan al deber moral. No llevas himno ni bandera. ¿Atleta símbolo de qué? No de tu pueblo. Símbolo de un egoísmo insensible”.
Ezequiel: Tengo que parar para recordar: esto que acabo de leer se lo escribió un puertorriqueño blanco millonario de 76 años de edad desde la presidencia del Senado a un afroboricua de 19 que todavía vivía con su familia en un residencial público en Cayey.
Ezequiel: Cuando te llegó esta carta, qué qué… ¿Cómo tú te sentiste?
Alberto Mercado: Mira, chico, yo, por por la poca mentalidad que tenía en esa época, yo le dije a Viera Martínez, que me llamó al Comité Olímpico mexicano y yo hablé con él —me perdonan cómo lo voy a decir, ¿está bien?—: “Con la misma carta que acabo de recibir tal día, yo me acabo de limpiarme el c-u-l-o. Nos vemos, ¡bye”!
Ezequiel: Cuando leo la carta, es como que este tipo te está como tratando de regañar de que a ti no te importa la otra gente.
Alberto: Sí.
Ezequiel: Pero que, además de la intimidación, es el tono condescendiente de que a ti no te importa otra gente.
Alberto Mercado: Que a mí no me importa lo que están sufriendo en Afganistán… Pues, mira, este… —no sé, si lo digo o no lo digo—. No, no me importa, no me importa. Yo, yo pienso en mí. En ese momento, yo pensé en mí, porque yo soy lo único que me han permitido ser: puertorriqueño. Yo amo a mi patria, amo a mi gente.
Ezequiel: La conversación pública alrededor de la participación de Alberto era intensa, y él tenía sus defensores también.
Lucy Molinari: Sabes, yo no entendía por qué se tenía que meter la política a hacer eso —es una palabra fea—, extorsionar, ¿ah?, para que no, para que no se participara.
Esa es Lucy Molinari. Dirigía el programa atlético de la Universidad de Puerto Rico en Arecibo. Ella decidió escribir su propia carta para apoyarlo. La envió al periódico El Mundo, y allí se la publicaron bajo el título “Basta ya”.
Lucy Molinari: “Políticos que escasamente conocen cuántas esquinas tiene un cuadrilátero de boxeo se empecinan en seguir molestando al atleta con cartas públicas […] No se encuentra en los anales de la historia deportiva de nuestro país una situación similar donde un atleta haya tenido que luchar tanto contra la fuerza del poder político para asistir a una competencia deportiva internacional”.
Cuando yo escribo eso, yo estaba indignada. También quería darle el valor a Mercado, a Alberto, darle el valor que él tuvo los pantalones para elegir y decidir qué era lo que él quería hacer.
Ezequiel: Lucy no lo conocía; solo intuía ese valor. Y no sabía que Alberto iba a tener que luchar aún más.
[Música]
Alberto Mercado: Hicieron que mis padres me llamaran a México, donde yo estaba entrenando.
Ezequiel: Lo más doloroso que recibió Alberto fue una llamada de su mamá. Según Alberto, su madre había votado por Romero Barceló. Así que los representantes del gobierno estaban tratando de demostrarle que la gente por la que votó quería lo mejor para su hijo, que ella y su esposo podrían convertirse en héroes si convencían a su hijo de volver a Puerto Rico, porque no podían asegurarle que regresaría de la Unión Soviética.
Alberto Mercado: Y que, posiblemente, a lo mejor yo no regrese de Rusia, pues a lo mejor me van a dejar por allá, me van a secuestrar…
Ezequiel: En plena Guerra Fría, el gobierno de Puerto Rico se aprovechaba de los miedos y la propaganda para manipular a sus padres. Insinuaban que a lo mejor Alberto ni regresaba de Moscú.
Casi 50 años después, cuando Alberto nos habla sobre esto, su coraje todavía es evidente: lo miras a los ojos y entiendes eso que sentía cuando subía al ring. Pero las amenazas no funcionaron.
Alberto Mercado: Bueno, yo le dije a mi mamá de todo eso que no coja miedo. “Yo lo que necesito es que tú me des mucha fuerza a mí, porque, con tus palabras, me vas a dar fuerza y ánimo. Mami, yo voy para Puerto Rico después de los Juegos Olímpicos. Mañana salgo para Rusia. No vas a poder llamarme. Lo siento, mami”.
ARCHIVO
Televisión soviética. Fondo Estatal de Televisión y Radio
Sonido del estadio
Ezequiel: Estadio Central Lenín de Moscú. 19 de julio de 1980.
Alberto Mercado está junto a sus dos compatriotas. Se están preparando para salir al desfile. Una a una las delegaciones empiezan a marchar en el estadio. Está llegando el turno de Puerto Rico.
Alberto Mercado: Este día pasaron muchas cosas 10 minutos antes de esta foto. Diablo, ¿las digo o no las digo?
Ezequiel: Dilas, Alberto, dilas, dilas.
Alberto Mercado: Nuestro presidente del Comité Olímpico, Don Germán Rieckehoff Sampayo, pues, a última hora, pues cogió un poquito de precaución y no dejó que yo llevara la bandera de Puerto Rico, que era la bandera que yo tenía que llevar después de tanto tiempo pensando en desfilar en los Juegos Olímpicos. Y yo tenía en mis manos la bandera de Puerto Rico, porque a mí me la entregaron en mis manos.
Ezequiel: Y es que el comité organizador de Moscú les tenía la monoestrellada lista para desfilar con ella.
Alberto Mercado: Y don Germán, a 25 pies de distancia, me hace: “¡Alberto, no! Ya yo te lo dije: ¡esa no, coge la olímpica”!
“Pero, don Germán, ¿tanto nadar para morir en la orilla? Déjeme llevar la bandera de Puerto Rico”.
Dijo: “¡No, Alberto, por favor, no, no”!
Ezequiel: Alberto le hizo caso. Salió a desfilar con la bandera olímpica, y en la foto vemos las caras tristes de los tres atletas boricuas.
ARCHIVO
Televisión soviética. Fondo Estatal de Televisión y Radio
Sonido del estadio
[Música]
Ezequiel: Y ahora viene uno de los recuerdos más vívidos de Alberto:
Alberto Mercado: Después de, del desfile del desfile, lamentablemente él viene llorando donde mí y se disculpa conmigo porque se, se arrepintió de yo no haber llevado la bandera de Puerto Rico en mis manos. ¡Si estábamos ahí! Tanto trabajo que pasamos para después decirme que no. No… Se arrepintió.
Ezequiel: Lamentablemente, don Germán falleció, así que es imposible corroborar con el que esto pasó. Pero mucha gente lo conoció, entre ellas, Lucy Molinari.
Lucy Molinari: ¿Tú sabes qué? Que, cuando oigo a Alberto, yo digo: “es que ese era don Germán”.
Ezequiel: Y no solo eso. El periodista e historiador deportivo Carlos Uriarte, en la presentación de su libro sobre las Olimpiadas y Puerto Rico, habló de lo mucho que don Germán lamento su decisión:
ARCHIVO
Uriarte (en Libreria Candil, Ponce PR): Don Germán, en el lecho de muerte, dijo: “tres cosas en que me equivoqué: una fue no desfilar con la bandera de Puerto Rico en Moscú”. Eso lo dijo don German en su lecho de muerte. ¡La vida es como es!
[Música]
Ezequiel: Luego del desfile y ese desaire, Alberto subió al ring en Moscú con su meta clara: colgarse en el cuello la primera medalla de oro olímpica para Puerto Rico. Pero, en el deporte, el talento y las ganas no lo son todo.
Alberto: Tuve la mala suerte por toda la brujería imperialista que iba de aquí para allá…
Ezequiel: Alberto se enfrentó al púgil mexicano Gilberto Román.
Alberto: Yo salí a pelear con uno que vino a pelear también, igual que yo. Chocamos cabezas (suena sus manos), y el que salió partido fui yo.
Ezequiel: Se dan un cabezazo en el primer round y, para desgracia de Alberto, fue él quien terminó sangrando.
Alberto: Me podían parar la sangre, pero, si no para la sangre, paran la pelea. El réferi paró la pelea.
Ezequiel: Alberto quedó descalificado.
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Ezequiel La lucha de meses para llegar hasta aquí, el desfile como abanderado sin su bandera… El sueño olímpico de Alberto terminó con una herida que requirió cuatro puntos de sutura.
Alberto: Yo podía seguir peleando. (suspira) Me, me dañó mi futuro.
Ezequiel: Tanto nadar pa’ morir en la orilla, le dijo Alberto a don Germán…
Ese refrán, que suena súperclichoso, se ajusta perfectamente a esta historia. Pero el mismo Alberto ha tenido suficiente tiempo para darse cuenta de algo.
Alberto: En parte, en parte, me dañó mi futuro, pero quedé, por lo menos, como un boxeador, un atleta puertorriqueño desobediente, contra viento y marea. Eso me enorgullece a mí. Que me llamen lo que quieran, pero me están llamando, me están buscando. Me buscan y me llaman, me hacen entrevistas. Mira, ustedes me están entrevistando a mí.
[Música]
Ezequiel: Cuando ya estábamos terminando la conversación, Alberto empezó a apagar las luces del museo, como preparándose para cerrarlo. Pero, de repente, nos preguntó si queríamos pasar a un área detrás de una puerta de esas que dicen “staff only”, donde unas escaleras subían hacia su apartamento, que está lleno de banderas de Puerto Rico.
Alana: ¿Nos ponemos a contar? Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, 10, 11.
Ezequiel: Hay una bandera gigante pintada en una pared; varias, de madera, colgadas en otra pared; unas cuantas, de algodón, en otra esquina…
Alana: ¿Sería como qué? ¿Cuarenta y… algo? ¿Quizás más?
Laura: ¡Más!
Alana: Perdona…
Laura: Más…
Alana: ¡Y por acá!
Ezequiel: Su casa es un altar a la bandera de Puerto Rico, la que no pudo llevar en Moscú.
Ezequiel: ¿Qué te dio Puerto Rico a ti que tú quieres darle tanto a Puerto Rico de vuelta?
Alberto Mercado: Puerto Rico me dio a mí unos padres buenos y me dio la oportunidad de yo representarlos a ellos.
Ezequiel: Cuando Alberto me dijo esto, recordé una foto de entre todas las que están en el museo. Es la contraportada del periódico El Nuevo Día del jueves 31 de julio de 1980. Habían pasado seis días desde que Alberto quedó ensangrentado y descalificado en aquel lejano ring olímpico. La foto la tiró Luis Ramos y el calce lee: “De vuelta a casa.”
Ezequiel: ¿Esa es tu mamá?
Alberto Mercado: Ella es mi mamá haciéndome café en un colador y, en otra ollita, ella ya hizo el café, y lo está colando.
Ezequiel: Esta foto con su mamá, doña Benicia, es tan hermosa porque es la evidencia de por qué peleó tanto. Porque Puerto Rico le dio a esa mujer como su madre, que, en esa foto, demuestra una sonrisa tímida, pero reconfortante.
[Música]
Ezequiel: Esa mujer que no puede contener la emoción de que su hijo esté con ella de nuevo. Por eso, Alberto peleó. Y eso lo notas en la sonrisa tímida, pero cálida de Alberto en esa misma foto. La sonrisa que tiene mientras espera que su madre le sirva el café es la sonrisa que le falta en el desfile, en la foto de cuando fue abanderado. La sonrisa de tener una madre que lo quiere tanto que ha ido guardando cada cosa que sale de él en la prensa, porque es su hijo y ella lo ama.
Doña Benicia creó a Alberto, pero también, este museo, este altar, donde hoy Alberto nos contó, sin decirlo en voz alta, por qué su casa está llena de banderas de Puerto Rico y por qué esta foto es de las primeras cosas que ves al entrar a esta Casa Museo.
Ezequiel: Y me imagino que por eso es que la tienes aquí en la entrada
Alberto Mercado: La tengo ahí en la entrada, la tengo en mi corazón y en mi mente siempre.
Ezequiel: “Una foto vale más que mil palabras”: siempre he tenido problemas con este refrán, pero, gracias a Alberto, ahora creo que es verdad. Y, a veces, nadamos mucho y morimos en la orilla, pero si dijimos e hicimos lo suficiente, se puede trascender hasta la muerte y sentir orgullo de que nadamos bien; que aunque se cometieron errores y pasamos por muchos dolores, las peleas valieron la pena. Protegieron cosas que parecen efímeras, pero son importantes, como la soberanía deportiva de un país que todavía cuando estoy grabando esto no tiene soberanía jurídica. Y que las luchas privadas y las públicas te sobreviven y que uno se puede arrepentir. Y que, para ganar el corazón de su gente, un campeón no necesita ganar todas sus batallas.
[Música]
Alana: En el próximo episodio de La Brega: Cuando Isabel González llegó a Nueva York desde Puerto Rico, agentes de inmigración le dijeron que no podía entrar a Estados Unidos. Ella les respondió: “Nos vemos en el tribunal”. Era 1902.
Este episodio lo reportó y escribió Ezequiel Rodríguez Andino. Lo editaron Laura Pérez y María García, con apoyo adicional de Marlon Bishop. Nuestra productora sénior es Nicole Rothwell.
By the way… Tenemos un episodio extra sobre esta historia en el que Ezequiel nos habla sobre las tensiones políticas que existían en Puerto Rico en los años previos a las olimpiadas de Moscú, y cómo, meses antes de esos juegos, se vivió otra batalla por la bandera puertorriqueña.
Está disponible para los escuchas que se suscriban a Futuro+. Visita futuromediagroup.org/joinplus para que te unas y lo puedas escuchar.
El arte original para este episodio es de Pedro Lugo Vázquez. Mil gracias esta semana a Vilma E. Bujosa Rosario, Carlos Quiles, Josefina López, Ángel Gabriel Flores Rodríguez, Elga Castro y Mariela Fullana. Y gracias más que especiales para Mario Roche, por darle voz y sentido a los archivos periodísticos, y a José Ibáñez, de Monopolio Records, por su hospitalidad.
El equipo de La Brega incluye a Nicole Rothwell, Ezequiel Rodríguez Andino, Laura Pérez, Liliana Ruiz, Roxana Aguirre, María García y Marlon Bishop.
Nuestras gerentes de producción son Jessica Ellis y Victoria Estrada y recibieron asistencia de Francis Poon. Y nuestro equipo de marketing incluye a Anhelo Reyes y Luis Luna con el apoyo de Paloma Pérez y Jackie Hill.
La verificación de datos de esta temporada estuvo a cargo de Tatiana Díaz Ramos y Laura Moscoso.
El diseño sonoro es de Jacob Rosati.
Nuestras ingenieras de sonido son Stephanie Lebow, Julia Caruso, Jacob Rosati y JJ Querubin.
Selección musical por Jacob Rosati y Stephanie Lebow.
La canción oficial de La Brega es de ÌFÉ. La música original que escuchas en nuestros episodios es de Balún.
Nuestros productores ejecutivos son Marlon Bishop, María García y yo, Alana Casanova-Burgess.
Revisión legal por ProJourn y autorización por Fisher Legal Arts; Jonathan Fisher.
María Hinojosa es la fundadora de Futuro Media.
La Brega es una producción de Futuro Studios.
Esta temporada de La Brega existe gracias a The Mellon Foundation.
Chequea nuestra página web, labregapodcast.org, para más información y para leer la transcripción de este episodio.
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¡Nos escuchamos pronto!… ¡Bye!


