La Brega: Madera de campeón: el futuro del béisbol boricua — Transcripción del episodio

Alana:  Laura Pérez, ¿dónde estamos?

Laura: En el sexto juego de la serie semifinal de la Liga de Béisbol Profesional de Puerto Rico: Caguas contra Mayagüez, contra los Indios. Y Caguas está perdiendo. Y, si Caguas pierde, se elimina. 

Alana: Laura es una de las editoras de La Brega, y súperfan de la pelota.

Laura: Y la cosa está complicada. La gente está preocupada. Veo a la gente yéndose de sus asientos. Yo quiero pensar que van pa’ el baño y que vuelven. [ambas ríen]. 

Alana: No venimos a ver este juego, venimos por el juego. Como estamos pensado en nuestros campeones, en espacios donde Puerto Rico y la puertorriqueñidad luce, nos pareció obvio que había que venir al parque y gozar del entusiasmo de los fanáticos.

Yvonne:  ¡Ay, Dios mío; ay, Dios mío, Dios mío, Dios mío! ¡Cógela, papá! There we go! [sonido de bocinas]. 

Alana: Este deporte es una de “Las tres b” de Puerto Rico: boxeo, baloncesto… y béisbol. 

Pero, hay un sentir de que la pelota en Puerto Rico se está perdiendo, que hay menos estrellas, porque el camino hacia las Grandes Ligas ha cambiado. Y que, cada vez, es más difícil llegar a ser un campeón. 

[Música]

Alana: En el parque, como en tantos lugares en Puerto Rico, es fácil toparse con la nostalgia y mirar al pasado como un tiempo mejor.

Carlos:  Yo, yo tengo 50. No, es mentira, tengo más. Tengo 78.

Alana: Todos los fanáticos con quienes hablamos —todos adultos mayores— nos transmitieron esa idea: que la pelota puertorriqueña ya no es lo que era, aunque no pudieron decir con precisión por qué. 

Ángel:  Te puedo decir que la calidad de los peloteros que vienen en este momento es muy inferior a los que venían en, en la época pasada. 

Carlos: Es que la, la pelota en Puerto Rico ha decaído mucho.

Irma:  Tú sabes, es gente que valía la pena. Estos son chamaquitos.

Alana: Entonces… ¿Qué es lo que está pasando? ¿Cuáles son los obstáculos para nuestros campeones del diamante? ¿Por qué nos debe importar que Puerto Rico ya no esté en la cima del béisbol? ¿Y qué perdemos si perdemos la pelota? 

Yo no sé mucho de este deporte, pero Laura sí. Ella me contó algo que da una idea de su afición: en la sala de su mamá, hay una sola foto en la que sale alguien que no es de la familia. Es una foto de Laura, con unos 15 años, posando junto a Roberto Alomar, uno de los mejores segunda base de la historia.  

Por eso, los dejo con Laura. 

Laura: El béisbol —o beisbol, como decimos nosotros— nos ha dado campeones dentro y fuera del parque. Y está tan arraigado en nuestra cultura que nos sale hasta en cómo hablamos. 

Laura: ¿Cómo nosotros decimos cuando algo es fácil?

Mamá de Laura: ¡Un bombo al pitcher! Que la coge fácil.

Laura: Si en Puerto Rico te encuentras con una situación inesperada, ¿qué uno dice? 

Deepak: “Me tiraron una curva”.

Papá de Laura: “Ese no llega ni a primera”. Que está flojo, que no tiene la capacidad de moverse o de adelantar nada.

Laura: Si tú estás llamando a alguien y no te contesta…

Mamá de Laura: (con seguridad) Me está pichando. (risas)

[Música]

Laura: Decimos “pelota”, y todos sabemos a qué deporte nos referimos. En Puerto Rico, se juega beisbol desde antes de la invasión estadounidense. En 1895, unos muchachos que habían aprendido el juego en Cuba se juntaron con otros en Puerta de Tierra, cerca del Viejo San Juan. Se pusieron a jugar con una bola y un bate, y ahí nació el beisbol boricua. 

Cuatro décadas después, los fanáticos ya llenaban los parques de nuestra liga profesional. A ese torneo, venían prospectos de Estados Unidos y el Caribe, que aprovechaban el gran nivel competitivo para foguearse. 

Aquí jugaron, en la primera mitad del siglo 20, peloteros que luego se convertirían en grandes estrellas. Por ejemplo, en el equipo de Caguas, jugaron Hank Aaron y Sandy Koufax. 

ARCHIVO – MLB

Announcer: One-on-one in World Series Play for 1965, Sandy Koufax.

Laura: En Ponce, Frank Robinson, y, por Santurce, el mismísimo Willie Mays. 

ARCHIVO – MLB

Announcer: That one is way back, way back, way back, well up for number 600 for Willie Mays!

Alana: Las estrellas boricuas también brillaban, y fueron de nuestros parques hasta las Grandes Ligas, incluyendo las Negro Leagues

La lista es tan larga e impresionante: Luis “Canena” Márquez, Víctor Pellot, Rubén Gómez, Luis Rodríguez Olmo, Orlando “Peruchín” Cepeda, Félix Millán, Dicky Thon, Cheo Cruz.

Y no se preocupen, que no me olvido del gran Roberto Clemente.

ARCHIVO – BorinkenTv

Felo Ramírez: ¡Lo logró, lo logró! Un doble de Roberto Clemente, contra el lanzador (ininteligible). Como él lo quería: limpio completamente…

Alana: En los gloriosos años 90, el dominio de los peloteros puertorriqueños era indiscutible. Esa fue la época en la que yo me enamoré de la pelota. 

Yo no me iba a dormir sin ver el resumen de las mejores jugadas del día en las mayores, y te juro: parecía que los protagonistas eran siempre los nuestros.

[Música]

ARCHIVO – National Baseball Hall of Fame and Museum

Announcer: Edgar Martínez, his third home run in the last two nights!

ARCHIVO – MLB


Announcer: What a night for Carlos Delgado! 

ARCHIVO – MLB

Announcer: Roberto Alomar with a sensational play to end the ball game… Wow! 

Laura: Quienes crecimos viendo a estos titanes nos malacostumbramos. Porque ellos no solo eran grandes estrellas en las Mayores, también venían a jugar en nuestra liga, y hubo un año en que todos estuvieron en un mismo equipo. Imagínate lo que fue aquello; una verdadera época dorada de la pelota boricua. 

Pero, las cosas cambiaron. 

[Música]

Laura: A partir de los 90, el número de jugadores de Puerto Rico en las Grandes Ligas se redujo. Para muestra, un botón: el Juego de Estrellas. 

En 1997, tuvimos a ocho boricuas allí. Siete años después, en el 2004, eran solo tres, menos de la mitad. Y esa mala racha también se vio en nuestros parques. En el invierno de 2007, ni siquiera se jugó la liga profesional de Puerto Rico.

Claro que se ha instalado en mucha gente la sensación de que, aunque seguimos teniendo talento, la pelota ya vio sus mejores años. 

Pero me parece que aquí hay algo más, algo más profundo. Esta historia no es solamente sobre beisbol o cuán buenos somos. Es también sobre los obstáculos para cumplir tus sueños en tu propio país; en el deporte, pero también en cualquier otro ámbito. Hay tantos nenes boricuas que sueñan con ser estrellas de la pelota y, cada vez más, se ven obligados a decidir entre quedarse en su barrio, con su familia, o mudarse lejos para tentar al futuro. ¿Cómo podemos apoyarlos para que se desarrollen en Puerto Rico? ¿Y qué significaría esto para un deporte que nos ha dado tanto?

[Tema musical La Brega]

Laura: Para Futuro Studios, yo soy Laura Noemí Pérez, y esto es La Brega. En este episodio: qué hace falta para ser un campeón de la pelota boricua. 

[sonido de alguien corriendo en el campo] 

Lo primero que me llama la atención en este parque en Kissimmee, Florida, es el silencio. Hay un montón de boricuas fanáticos de la pelota, pero no hay gritos ni vítores. 

[sonido de un bate de beisbol] 

Es que hay una prueba, un tryout. La Federación de Béisbol está buscando a los peloteros que integrarán el equipo nacional de Puerto Rico de 15 años o menos. 

Este es el cuarto y último tryout de la temporada. Los primeros tres los celebraron en Puerto Rico y, ahora, les toca a los peloteros de la diáspora. 

Hombre: Nosotros ahora mismo, vivimos en Charlotte, North Carolina. 

 Mujer: Yo soy de Caguas, Puerto Rico, y aquí vivo en Saint Claude. 

Hombre 2: Nosotros somos de Caguas, Puerto Rico, so vivimos en Orlando, aquí cerca.

Hombre 3: Bueno, nosotros somos de Las Piedras, Puerto Rico, y aquí, de Kissimmee.

Hombre 4: Nosotros somos de Houston…

Laura: Es una de esas oportunidades con las que sueña cualquier deportista, representar a su país. 

Gabriel Velázquez:  Me encantaría representar a Puerto Rico, porque es Puerto Rico. Es algo que yo siempre… donde yo viví y donde yo nací. 

Laura: Y, en el caso de los peloteros, esa oportunidad les puede ayudar a definir si el béisbol seguirá siendo un juego o su profesión.

Lo poco que se escucha en el parque son los susurros de los papás que aprovechan para dar ese último consejo. 

Víctor Velázquez:  Trata de buscar ahí una espa… un, en donde te sientas cómodo, y sigue así. Carga temprano y sigue con lo mismo, oíste.

Ese es Víctor Velázquez, y le está hablando a su hijo, que está a punto de batear. 

Víctor Velázquez: Sigue con lo mismo y busca los gaps todo el tiempo. Y ahora, en esta, usa tu cadera con fuerza.

Laura: Gabriel, su nene, tiene 14 años. Está vestido con camiseta y pantalones negros. Debajo del casco, tiene unos rizos hermosos. Sin duda, tiene un tremendo flow de pelotero. 

Damaris Rivas:  Hoy tenemos una mezcla de emociones entre nerviosa, emocionada, esperanzada y contenta.  Es orgullo boricua. (rie)

Laura: Damaris Rivas es la mamá de Gabriel. 

Todos los niños aquí quieren hacer el equipo, pero Gabriel lo quiere tanto que este es su segundo tryout.

 Damaris Rivas: Sí, bien emocionado… Para él, esto es importante. Él siempre anda con su pulserita de Puerto Rico. Él es bien patriota. Y esto, para él, sería una experiencia, eh, formidable. 

Laura: Hace unas semanas, Gabriel viajó desde Orlando para ir a uno de los tryouts en Puerto Rico. Yo lo vi ese día en el parque de pelota de Camuy. Y cuando llegó su turno nos quedamos pasmaos con los batazos que dio.

Aun cuando salió contento de aquel tryout en Camuy, su meta en Kissimmee es hacerlo todavía mejor.

[Música]

Entrenador: Gabriel Velázquez Rivas ¿Lanzas? 

Gabriel: No.

Entrenador: Atacar la base hasta mitad. En la segunda vez, nos quedamos en primera base y corremos de primera a tercera, como si hubiera un batazo pa’l out field, y ahí hay que… 

Laura: Además de demostrar sus habilidades, a Gabriel le interesa que se vea que tiene madera de campeón. Porque quiere convertirse en una estrella del que por décadas ha sido el deporte rey en Puerto Rico. 

Gabriel Velázquez: Pues sí, mi sueño es llegar a Grandes Ligas y nada este hacer buenas cosas con mi vida. 

Damaris Rivas: Nosotros llegamos en el 2018 después de María. Vinimos hacia acá buscando una mejor calidad de vida.

Laura: En Puerto Rico, su mamá, Damaris, era maestra. Y su papá, Víctor, policía.

Damaris Rivas: Quisimos un cambio, y sí, querer explorar nuevos horizontes. (ríe) Y acá pues, paramos acá en Orlando.

Laura: Para Gabriel, el chiquito de la casa, cambiar su entorno familiar no fue fácil.

 Gabriel Velázquez:  Yo tenía siete años, en segundo grado. En verdad fue bastante difícil porque yo no sabía nada de inglés. Era llegar a un lugar nuevo sin nadie, sin nada. 

Laura: Gabriel no hablaba inglés, pero ya dominaba el lenguaje de la pelota. Había jugado en equipos en Puerto Rico con nenes de su edad. Pero cuando llegó el momento de jugar en Orlando, era demasiado bueno para su categoría. 

Gabriel Velázquez: Yo tenía siete años y yo me imagino que lo hice bastante bien, y empecé a jugar con los de 10 y 11 años.

Laura: Desde entonces, Gabriel suele ser el menor de su equipo. Incluso, el año pasado, terminó jugando en el equipo varsity de su escuela, con niños de 17 y 18 años. 

Gabriel Velázquez:  Ahí fue cuando me di cuenta que tengo de talento en el deporte y me, me gustaría tener esto de… sí, de profesión y seguir haciéndolo en mi vida así.

Laura: ¿O sea que a ti te gusta porque eres bueno?

Gabriel Velázquez: Bueno, no, tampoco, no… También es algo que yo también amo y, y me encanta, si exacto.

Laura: Y ya tiene muy claro quién es su jugador favorito.

Gabriel Velázquez: A mí me gusta este Francisco Lindor. 

Laura: De Lindor, le gusta que es campocorto, como él, y que juega en su equipo favorito, los Mets de Nueva York. 

Gabriel Velázquez: Y es puertorriqueño también.

Laura: Eso quizás es lo más importante. 

[Música]

Como Gabriel, Lindor aprendió a jugar pelota en Puerto Rico, pero se mudó a las afueras de Orlando cuando tenía 12 años. Desde allí, desarrolló su talento como pelotero hasta que, en 2011, Cleveland lo seleccionó en el sorteo anual de las Grandes Ligas, el llamado draft

ARCHIVAL – MLB

Announcer:  With the eighth selection of the 2011 first year player draft, the Cleveland Indians Select Francisco Lindor, shortstop, from Mount Verde Academy, Mount Verde, Florida. 

Laura: La mayoría de los niños que juegan pelota sueñan con un momento como ese. Pero, si miramos las estadísticas, conseguirlo es realmente una excepción. Y cada vez más, las familias perciben que la ruta hacia las Grandes Ligas se alcanza más fácilmente fuera de Puerto Rico, como hizo Lindor y como han hecho otros peloteros también. 

En casa de Gabriel, su papá, Víctor, fue el primero que intentó seguir la ruta hacia las mayores, y hasta jugó en la pelota semiprofesional de Puerto Rico.

Víctor Velázquez: Pues mira yo juego pelota desde chiquito, desde los 7 años yo juego beisbol. Y yo jugué Doble A como 10 años. 

Laura: Víctor pertenece a una generación de peloteros en Puerto Rico que vieron cómo, casi de la noche a la mañana, les cambiaron las reglas del juego. O más bien, les cambiaron la ruta que debían seguir para, si tenían el talento, tener posibilidades de jugar en la pelota profesional de Estados Unidos. Porque llegó a Puerto Rico el sorteo de novatos de las Mayores:  “el draft”

Había dos sistemas principales para llegar a las Grandes Ligas. Uno era para los jugadores de Estados Unidos (ese es el draft) y otro, conocido como la agencia libre, para los jugadores internacionales (en su mayoría, de países latinoamericanos). 

Puerto Rico era parte del sistema latinoamericano. En ese modelo, los equipos de Grandes Ligas pueden contratar peloteros a partir de los 16 años de edad, incluso si no han terminado la escuela superior. 

Suele suceder de esta manera: Un escucha o scout identifica a un pelotero con talento y, eventualmente, le hace un acercamiento para firmarlo. Muchas veces, es solo un acuerdo verbal. Eso ata al jugador a una organización de Grandes Ligas, pero no le garantiza que será una estrella. Ni siquiera le garantiza jugar en las Grandes Ligas. La única garantía es para la franquicia, que se asegura de que ningún otro equipo pueda firmarlo. 

Hiram Torraca:  Yo no creo que sea algo positivo.

Laura: Hiram Torraca es periodista deportivo y mi amigo. 

Hiram Torraca: Esos muchachos no terminaban cuartos años, pero llegaron a Grandes Ligas. Hay que preguntarse, ¿es eso, eso está bien? Yo pienso que no.

Laura: Al parecer, Hiram no es el único a quien no le gustaba. 

A finales de los 80, la Major League Baseball anunció un cambio trascendental. Los jugadores de Puerto Rico quedaban fuera de la agencia libre. A partir del draft de 1990 tendrían que usar ese sistema para buscarse un puesto en las Mayores. 

Preparándome para este episodio, me enteré de distintas versiones sobre por qué llegó el draft. Hay quienes cuentan que un scout promovió que cambiaran las reglas porque uno de sus competidores en Puerto Rico se estaba llevando a todos los jugadores. Y también se dice que el cambio llegó porque se quería terminar con un sistema injusto.

 Hiram Torraca: Lo que se habla es que se buscaba que fuera una manera más justa de evaluar ese talento.

Laura: O sea que, cuando hablamos de que, de “justo”, hablamos de la compensación…

Hiram Torraca: Sí del de la bonificación de la bonificación, porque cuando era agencia libre, no había manera de medir y era lo que el equipo le quisiera ofrecer. Y muchos jugadores o familia de los jugadores, porque estaban deseosos que el muchacho firmara, pues firmaban por lo que sea.

Laura: Viéndolo de esta forma, es evidente que el draft tiene sus ventajas. Pero los jugadores de esa época –como Víctor, el papá de Gabriel– tuvieron que ajustar sus expectativas. Para jugar profesional, ahora debían tener un diploma de escuela superior y haber cumplido los 17 años. Y, en el sorteo, en el draft, tenían que disputarse los puestos disponibles con jugadores estadounidenses. Y con los canadienses también, que se incorporaron al draft en 1991. 

Hiram Martínez: Ya en el 88 es que empieza esa discusión de oye, vamos a ir al draft que va a pasar, ¿cómo va a pasar? ¿Qué cosas tenemos que cambiar?

Laura: Ese es Hiram Martínez, editor de ESPN, y quien en esa época trabajaba como reportero deportivo en Puerto Rico. Él se acuerda: nadie estaba preparado. 

Hiram Martínez: Le preguntábamos a los escuchas. Había en algunos que decían: “mira, eso no va a pasar nunca”. O te decían: “pues habrá que ver qué hacemos”.

Laura: El draft era como el cuco, al que todos le temen, pero nadie se prepara para enfrentarlo…

 Hiram Martínez: Y ya en 90 dijeron mira ya lo puertorriqueño van al draft el año que viene. Y fue una decisión, obviamente, unilateral como todo lo que hace MLB con relación a los acuerdos de ligas del Caribe y con Puerto Rico.

Laura: Y esta decisión cambió la pelota en Puerto Rico de una manera tan radical que todavía, tantos años después, no nos hemos adaptado del todo. Porque, con el draft, se estableció de repente una competencia desigual. 

En Estados Unidos, los peloteros se desarrollan en las escuelas superiores. Y, encima, si al graduarse no están listos para ir al sorteo de Grandes Ligas, pueden seguirlo a una universidad con un buen programa deportivo. Por eso, cuando los escogen en el sorteo, nos dicen de qué escuela o universidad son: 

ARCHIVAL – MLB

Announcer: Javier Báez, a shortstop. From Arlington Country Day School from Jacksonville, Florida.

Laura: En Puerto Rico, es difícil ir a la universidad y jugar pelota a la vez. El beisbol es más comunitario, de equipos y ligas que no están vinculados a las escuelas, y en las universidades tampoco hay equipos de pelota con programas robustos donde desarrollarse. Aquí, la falta de un sistema articulado hace más difícil que te vea un scout. Y es en estas diferencias que reside gran parte de la desigualdad. 

Por eso, desde que llegó el draft, muchos consideran que lo mejor es irse a Estados Unidos. 

Víctor Velázquez:  Yo me gradué el 97-98, y yo quería firmar. Yo quería firmar. Y alguien este, me recomendó y me dijo: “No firmes. Vete para universidad”. Pero yo era como completamente inmaduro, ignorante, yo dije: “no, yo quiero firmar”.

Laura: Víctor dice que, al final, no siguió el consejo que le dieron, y no fue a la universidad y tampoco lo seleccionó un equipo de las Mayores. 

Víctor Velázquez: Apenas el draft estaba casi comenzando porque eso fue para los 90. 

Laura: Él no olvida esas decisiones, y hoy trata de usar esa experiencia para guiar a Gabriel.

Víctor Velázquez:  No voy a ser más pelotero, pero sigo siendo papá.

Laura: Víctor reconoce las ventajas que Gabriel tiene por estar criándose en Orlando. Como quiera, saca de su tiempo para que Gabriel llegue a ser el mejor jugador posible.

Víctor Velázquez: Pero nosotros practicamos casi toda la semana. Siempre sacamos algo. Si no podemos ir al parque, yo lo llamo y le digo: “Gabriel, salgo tarde del trabajo”,  y le envío, le digo: “vas a hacer estos driles. Vas a hacer esto, vas a hacer esto afuera”. Y él si lleva sus conitos, se lleva sus escaleras, en el piso, y hace sus ejercicios, hace cuica, hace todo. 

Laura: Pero, también, junto a Damaris, se asegura de recordarle cuál debe ser su prioridad.

[Música]

Víctor Velázquez:  La meta conmigo con Gabriel es universidad porque ya uno va conociendo y sabiendo. Más, el pelotero de high school para poder estar en el draft y irte en una buena ronda, prácticamente, tú tienes que ser casi un fenómeno. 

Laura: Incluso los fenómenos necesitan el apoyo de sus padres. Pero también necesitan que alguien los vea. Aunque Gabriel demuestra su talento en el equipo de su escuela superior y en el club viajero con el que recorre su estado, no le vendría mal hacer el equipo nacional juvenil.

Por eso, cuando Víctor se enteró de los tryouts para la selección Sub-15 de Puerto Rico, supo que debía proponérselo, aunque la idea fuera inesperada y requiriera montarse en un avión a última hora.

Víctor Velázquez: Yo le dije: “Mira, Gabriel, yo estoy pensando esto”. Y él me dijo, de una: “¡Vamos! 

Gabriel: Sí, yo no… 

Víctor: Sí, él, rápido.

Gabriel Velázquez: Esos tryouts eran para representar a Puerto Rico. Así que yo no, no voy a decir que no.

Laura: Y, con tantas ganas, ¿por qué no hacerlo por segunda vez, cerquita de su casa?

Cuando volvamos, un campeón en ciernes toma su turno al bate. Esto es La Brega.  

BREAK

Laura: En el parque en Kissimmee, Gabriel ha corrido las bases, ha fildeado unas cuantas roletas y se ha asegurado de que noten su potencial, especialmente su fuerte, el bateo.

Salió del tryout contento: la sacó del parque dos veces. Unos días más tarde, me envió un mensaje de voz para contarme cómo se sintió.  

Gabriel Velázquez: “Bateando, en verdad, me sentí bastante bien. Yo no me di cuenta si la saqué o si hice un ‘home run’, porque yo estaba bateando. Pero, mi papá y mi mamá me dijeron que la saqué y que hice un buen trabajo”.

Laura: Damaris y Víctor no perdieron detalle.

Damaris Rivas: ¡Mejor que en Puerto Rico! Creo que sí. 

Víctor Velázquez: Le fue muy bien. Lució bien en su movimiento de pierna. Un buen brazo y bateando. Y esperemos que, este, lo consideren.

Laura: El talento de los jugadores en el parque de Camuy y en el de Kissimmee es similar, pero Víctor sabe que, al menos en teoría, los que están en Estados Unidos tienen ciertas ventajas. 

 Víctor Velázquez: Como en Puerto Rico, los estudiantes de high school no practican en las escuelas, no hay un programa deportivo en las escuelas —aquí, sí— pues estos nenes llevan una ventaja de que ellos salen de clases y practican y eso les ayuda a tener un físico un poquito más fuerte. Pero, en habilidades, es bastante similar.

[Música]

Laura: Son cada vez más las familias de peloteros boricuas que deciden emigrar para apoyar a sus hijos en su desarrollo deportivo. Es verdad que la motivación de Damaris y Víctor para irse de Puerto Rico fue buscar una mejor calidad de vida. Pero la consecuencia de esa decisión es que, hoy, la experiencia de Gabriel se parece más a la de su ídolo, Francisco Lindor, que a la de su papá. 

Cuando se graduó de la high en Montverde, Florida, Lindor era ya un fenómeno. Decidió ir al sorteo porque salió preparado, pero tuvo sobre la mesa la opción de ir a una universidad con un buen programa de beisbol. Ese es el panorama que enfrentan todos los peloteros que tienen que someterse al draft.  

Pero, si esta es la mejor ruta para al menos atreverse a soñar con una carrera en el beisbol, ¿qué pasa con los peloteros en Puerto Rico? Porque irse para Estados Unidos no puede ser la única respuesta. 

Es jueves por la tarde. Alana y yo vinimos al Centro de Bellas Artes de Caguas para asistir a un seminario sobre pelota.

Laura: Sí, hay un par de filas de adolescentes con pinta de pelotero. [risa] 

Los asientos del salón de actos se van llenando. Unos 400 adolescentes, muchos junto a sus mamás, llegaron hasta aquí porque se sienten abrumados. 

Eduardo Pérez:  ¿Cómo estás? Eduardo Pérez. Un placer, un placer. 

Laura: Eduardo Pérez, comentarista del Sunday Night Baseball de ESPN y una celebridad de la pelota, está aquí para moderar la actividad. 

Eduardo Pérez:  No tenemos el GPS prendido, nosotros aquí.

Laura: La idea del seminario: alumbrar el camino.

Eduardo Pérez: La realidad de los últimos 35 años cuando entró el draft a Puerto Rico. Hay muchos que no, no sabemos a dónde ir. ¿Sabes? No sabemos cómo, cómo llegar a la ruta que tenemos que llegar. 

Laura: A Eduardo Pérez no le hizo falta ese GPS. 

Su papá, el pelotero cubano Tany Pérez, está en el Salón de la Fama del Béisbol de Grandes Ligas. Eduardo cursó la escuela secundaria en Puerto Rico y, cuando se graduó, regresó a Estados Unidos para la universidad. En 1991, lo seleccionaron en el draft. Jugó 13 temporadas. Eduardo sabe que su caso no es habitual. 

Eduardo Pérez:  Aquí hay muchos que sueñan en llegar a Grandes Ligas. Qué bueno, que sueñen, pero la realidad es que nada más ha habido un poco más de 270 jugadores que han llegado de Puerto Rico a Grandes Ligas. 

Laura: Eduardo dice que el tiempo de culpar al draft ya pasó. Lo que hay que combatir ahora es la falta de información y las falsas expectativas.  

Eduardo Pérez: Han habido 20,787 jugadores que han llegado a Grandes Ligas, que han podido decir: “yo llegué”. Miles han firmado, pocos han llegado. 

Laura: Aunque yo conocía esos datos, ponerlos en perspectiva me impresionó. Los peloteros que llegaron a Grandes Ligas desde Puerto Rico —algo más de 300— no llenarían este salón. Y esta noche, aquí, hay más de 400 jugadores, 400 jóvenes que sueñan con las Mayores. Por eso, los organizadores del seminario vinieron sin paños tibios. 

 Edwin Rodríguez:  ¿Cuántos llegan a Grandes Ligas? Promedio, 100, de 1000 que firmaron. Cien: ¿eso es un qué? Un 10 por ciento, que llegaron a Grandes Ligas a tomarse una taza de café. 

Laura: Ese que escuchas es Edwin Rodríguez, el primer puertorriqueño que dirigió un equipo en las Mayores. 

Edwin Rodríguez: Pero los que se establecen en Grandes Ligas —que, para nosotros, establecerse es tres años o más— es un 3 por ciento. Estamos hablando de 30. De 1000 que firmaron, 30. 

Laura: En el salón, veo que las madres, los padres y los niños también se intercambian miradas nerviosas. 

Edwin Rodríguez: Los otros 970 se quedaron en el camino. ¿Están bien? ¿Los cinturones, están bien apretados? Porque eso es lo que hay, eso es lo que hay.

Laura: Edwin dice que, con esas cifras, lo que quiere es motivarlos; que no solo apuesten a la pelota, y que se animen a estudiar. 

Muchas familias creen que la única opción para que sus jóvenes puedan estudiar sin abandonar sus sueños de la pelota es irse a una universidad en los Estados Unidos. Edwin no está de acuerdo. 

 Edwin Rodríguez: Esta solución de irse a estudiar a Estados Unidos requiere que dominen un idioma que no es el nuestro. 

Laura: Ya era de noche cuando se acabó el seminario. Conversé con Edwin afuera del Centro de Bellas Artes. (Ya escucharon los coquíes).

Edwin Rodríguez: Requiere este un nivel académico que se le exige y requiere una, una, un sacrificio económico de la familia. 

Laura: Y nuestra conversación me confirmó lo que intuía: esta historia, más que sobre pelota, es una historia sobre educación. Y sobre las oportunidades que los jóvenes puertorriqueños tienen —o no— en su propia tierra.

[Música]

La propuesta del beisbol en Puerto Rico para adaptarse al draft ha sido establecer academias privadas, que no todo el mundo puede pagar, donde los adolescentes peloteros asisten a clase y tienen un programa deportivo intensivo. La meta de estas academias —se supone— es que sus egresados consigan becas deportivas en universidades de Estados Unidos. 

Yo intenté ponerme en contacto con dos de las principales academias que hay en Puerto Rico, porque quería conocer su sistema y cómo evalúan su desempeño, pero no me respondieron. A Edwin, no le sorprendió. 

Edwin Rodríguez:  ¿Qué hace? ¿Cómo le va? O sea, ellos no tienen, tienen cero datos. O sea, que hay un interés obviamente económico de que me paguen la matrícula… Pero, tan pronto sales, ya no eres problema mío. 

Laura: Edwin me dijo que, aun cuando tienen buenas intenciones, solo basta fijarse en los pocos egresados de estas academias que han llegado a ser estrellas. Esta experiencia de casi dos décadas sugiere que las academias no son la solución.

Pero imaginemos que las academias tuvieran mejores resultados… Yo sigo repitiéndome una pregunta: ¿por qué los peloteros no pueden quedarse en Puerto Rico para ir a la universidad? ¿Por qué hemos aceptado que la mejor alternativa es irse? 

Edwin Rodríguez:  ¿Por qué tenemos que enviarlos a Estados Unidos? 

Laura: Edwin sabe que, en Puerto Rico, la educación atraviesa una crisis sin precedentes. El gobierno cerró más de 600 escuelas en la última década y ha desangrado las arcas de la universidad del estado, que sobrevive en la precariedad. 

Pero, aun con ese cuadro, él cree que el beisbol puede ser una buena razón para revertir esas políticas y fortalecer nuevamente las universidades del país. 

 Edwin Rodríguez: ¿Por qué no desarrollamos un programa de beisbol en Puerto Rico en las universidades con el mismo, con la misma calidad y hasta mejor? Que se puedan quedar estudiando y jugando en Puerto Rico. 

Laura: La realidad es que hay tantos boricuas que se han ido…

En el tryout de Kissimmee, había gente de… 

Persona: de Carolina.

Persona: de Corozal .

Persona: Somos de Caguas.

Persona: Somos de Rio Grande.

Persona: Somos de Yabucoa: Azucarero, de corazón.

Laura: Y estas familias, aunque estén lejos, mantienen un vínculo con sus raíces. Lo hacen por su pasión por representar a Puerto Rico, pero, también, porque les encanta la pelota, ese deporte que por más de un siglo nos ha dado tanto. 

Nuevamente, Hiram Torraca:

 Hiram Torraca: No hay deporte que le haya dado a Puerto Rico más, más talento en, en términos del más alto nivel, como el beisbol. No lo hay ni, ni remotamente. 

Laura: Hiram me recordó que, a pesar de que ya no tenemos tantas estrellas en las Mayores, hay otra manera en que la pelota sigue alimentando nuestro orgullo boricua: no con las hazañas individuales, sino con las que se logran en equipo.

 Hiram Torraca: Si uno toma como barómetro el Clásico Mundial, pues Puerto Rico fue subcampeón dos clásicos corridos.  El anterior estuvo a una victoria de meterse a semifinales. Así que, a nivel, a nivel más alto internacional, pues todavía somos una potencia. 

[Música]

Laura: No hay mejor ejemplo de esto que el Team Rubio, como bautizamos al equipo que nos representó en 2017 en ese torneo. 

En la televisión, en los trabajos, en la calle, en todos lados —de repente— veías a gente con el pelo pintado para apoyar a nuestro equipo. 

ARCHIVAL – WOLE 12

Newscaster:  Las personas están llegando a pintarse el pelo… 

ARCHIVAL

Persona: Estamos haciéndolo por unidad. Eh, mayormente, y apoyar a los muchachos allá, que están en San Diego ahora mismo. 

ARCHIVAL – Jaime Colon PR

Persona: Puerto Rico en el pecho, en la gorra y en el pelo.  La visión de que íbamos para el oro.

ARCHIVAL – Notiseis WIPR 

Players: Nosotros amamos el beisbol, y si el béisbol y el deporte es un urgente para que el pueblo se mantenga unido, que así sea. 

Laura: Ese equipo era una mezcla increíble de peloteros criados en Puerto Rico y en la diáspora; de jugadores que se formaron en el archipiélago y otros que se fueron a Estados Unidos. Jugadores como Yadier Molina y Carlos Beltrán, y, sí, también, como Francisco Lindor.

En el 2017, mientras Lindor y el Team Rubio ilusionaban a todo un país, Gabriel —el nene que conocimos al principio del episodio— era todavía un niño que jugaba en los parques de Puerto Rico. Hoy, es un adolescente con las metas claras, y unos papás que, desde entonces, están dispuestos a apoyarlo. Aunque saben que, en la pelota, el futuro depende de muchas cosas que están fuera de su control.

Damaris Rivas: Nosotros hemos hecho el sacrificio máximo que hemos podido. Para nosotros, eso es, es una bendición. Es sacrificado, pero uno lo hace con el corazón.

Gabriel ​​Velázquez: Hola, Laura, este, espero que estés bien. 

Laura: Esta vez, no hizo el equipo de Puerto Rico. 

Gabriel ​​Velázquez: Yo no pude entrar a la segunda fase. Pero, na, yo voy a seguir practicando el deporte que yo amo, que es la pelota…

Laura: A sus 14 años, mantiene vivo el sueño, su sueño, de alguna vez representar a Puerto Rico. 

Gabriel ​​Velázquez: Y si en el próximo año pasa lo mismo, seguir tratando y seguir tratando hasta hacer el equipo porque sería un honor representar a Puerto Rico, mi patria, y donde yo nací. 

Laura: Con su ilusión intacta, Gabriel ya es parte de una larga tradición beisbolera. Esa que empezó en un terreno baldío en Puerta de Tierra y lleva décadas dándole vida a nuestras comunidades, en esos parques iluminados que tan clarito se ven desde el aire si sobrevuelas nuestras islas de noche. 

Una tradición y un amor por un deporte que, para los boricuas, es mucho más que eso. Con la pelota, aprendimos bien temprano en el siglo 20 que nuestro país es capaz de ofrecer al mundo un talento de grandes ligas, literalmente. Y que, a pesar de los altibajos, las condiciones adversas o de las migraciones forzosas, nuestros peloteros continúan brillando. Porque la pelota sigue siendo nuestra bandera. 

Tema Musical de La Brega

Alana: En el último episodio de esta temporada de La Brega… Los Young Lords defendieron a Puerto Rico en los años 60 y 70. Pero, antes, tuvieron que aprender su propia historia y el lugar tan complicado que ocupaban en ella. 

Este episodio lo reportó y escribió Laura Pérez. Lo produje yo, junto a Ezequiel Rodríguez Andino. Lo editaron María García y nuestra productora senior, Nicole Rothwell. 

El arte original para este episodio es de Elizabeth Barreto. Mil gracias esta semana a Lilian Hernández, de Central Florida Public Media; Hiram Torraca, Joel Cintrón Arbasetti, Noemí Sánchez González, Luis Pérez Sánchez, Deepak Lamba-Nieves y a los autores del libro “Negro Leaguers in the Puerto Rico Winter League”, Adolfo R. López y Ángel Colón. Y a José Ibáñez, de Monopolio Records, por su hospitalidad. 

El equipo de La Brega incluye a Nicole Rothwell, Ezequiel Rodríguez Andino, Laura Pérez, Liliana Ruiz, Roxana Aguirre, María García y Marlon Bishop. 

Nuestras gerentes de producción son Jessica Ellis y Victoria Estrada y recibieron asistencia de Francis Poon. Y nuestro equipo de marketing incluye a Anhelo Reyes y Luis Luna con el apoyo de Paloma Pérez y Jackie Hill.

La verificación de datos de esta temporada estuvo a cargo de Tatiana Díaz Ramos y Laura Moscoso.

El diseño sonoro es de Jacob Rosati. 

Nuestras ingenieras de sonido son Stephanie Lebow, Julia Caruso, Jacob Rosati y JJ Querubin.

Selección musical por Jacob Rosati y Stephanie Lebow.

La canción oficial de La Brega es de ÌFÉ. La música original que escuchas en nuestros episodios es de Balún. 

Nuestros productores ejecutivos son Marlon Bishop, María García y yo, Alana Casanova-Burgess.

Revisión legal por ProJourn. Y autorización por Fisher Legal Arts; Jonathan Fisher. 

María Hinojosa es la fundadora de Futuro Media. 

La Brega es una producción de Futuro Studios. 

Esta temporada de La Brega existe gracias a The Mellon Foundation.

Chequea nuestra página web, labregapodcast.org, para más información y para leer la transcripción de este episodio. 

¡Nos escuchamos pronto!… ¡Bai!