La Brega: Isabel González vs. Estados Unidos — Transcripción del episodio

Alana: Isabel González viajó de Puerto Rico a Nueva York y le pidió a su familia allá que la fuera a buscar. 

[Música]

Iba sola, tenía 20 años y ocho meses de embarazo. Hizo lo mismo que muchos boricuas hacen a diario… pero, era 1902. 

Belinda Torres-Mary:  I don’t know if she was afraid. I would be a little bit.

Alana: Belinda Torres-Mary no sabe si su bisabuela estaba nerviosa, pero a ella le da un poquito de miedo de solo pensarlo. Isabel había enviudado recientemente y se fue a Nueva York a empezar una nueva vida. Belinda ve esa decisión como una muestra de que Isabel era una optimista. Porque, cuando luchas por algo, no puedes ser pesimista. 

Belinda Torres-Mary: Anytime you need to fight for something, you’re never really a pessimist to do that.


Alana: El viaje de Puerto Rico a Nueva York era en barco. Isabel se embarcó en San Juan y, alrededor de una semana después, atracó en Ellis Island. Llegó en pleno verano. 

En ese momento, Ellis Island era la puerta de entrada a los Estados Unidos, y ese día pudo haber hasta 2,000 personas en ese gigantesco centro de inmigración localizado en la bahía de Nueva York. Cada inmigrante tenía que hacer fila, muchas filas: una para chequear si estabas enfermo, otra para revisar si tenías piojos y una para verificar tus documentos. La entrada tomaba horas. Y ahí estaba Isabel, con ocho meses de embarazo a cuestas… 

Belinda Torres-Mary: Do I hide it? 

Alana: ¿Quizás trató de esconderlo? 

Belinda Torres-Mary: Like, was she wearing a shawl or something? 

Alana: Un hombre llamado William Williams había sido nombrado como el nuevo comisionado de inmigración y, bajo su mandato, aumentaron las denegaciones de entrada en Ellis Island.  

Los oficiales sacaban de las filas a los inmigrantes que les parecían que iban a necesitar asistencia pública. Isabel, una mujer que estaba sola y embarazada, les llamó la atención.

Belinda Torres-Mary: I think she got scared when they took her aside, probably. 

Alana: Si Isabel no tuvo miedo antes ni durante el viaje, quizás lo sintió en este momento. 

Con solo 11 dólares en el bolsillo, los oficiales le dijeron que volviera por donde mismo vino. Pero ella estaba lista para defenderse: les dijo que no sería una carga para el Estado, que venía a quedarse con su tío y su tía. 

Belinda Torres-Mary: And she was like, “No, no. I, I have relatives here. I have an aunt. And I have an uncle.” 

Alana: A los oficiales, sus explicaciones no les importaban. Entonces Isabel y sus tíos reclamaron que no es que no estuviera sola, es que ella ya estaba comprometida para casarse y había viajado para encontrarse con su prometido: un joven boricua que vivía en la ciudad. 

Belinda cree que estos boricuas estaban haciendo lo que es habitual: ayudarse entre sí.  

Belinda Torres-Mary: The Puerto Ricans were all working together to help each other.

Alana: Pero, como el prometido no se presentó en Ellis Island, los oficiales mandaron a Isabel a lo que hoy llamaríamos una corte de imigración.  

Belinda Torres-Mary: And so they’re like, “No, you’re going back.” 

Alana: Y allí le dicen claramente que no podía entrar, que tenía que volverse a Puerto Rico. Pero los detalles de la situación de Isabel —si era viuda o soltera y si se convertiría en una carga para el Estado o no— eran solo una parte del problema. 

[Música]

Había un dilema más grande que afectaba a todos los puertorriqueños. Cuando Puerto Rico era aún colonia de España, los boricuas obtuvieron los derechos de la ciudadanía de ese país. Pero Estados Unidos invadió el archipiélago puertorriqueño cuatro años antes de que Isabel llegará a Ellis Island.

Puerto Rico era ahora una colonia estadounidense. Y uno supondría que los puertorriqueños serían ciudadanos de Estados Unidos. Pero Estados Unidos no lo veía así. Fue por ese dilema que Isabel terminó detenida a solo días de dar a luz.

Belinda Torres-Mary: They put her in that holding area at, Ellis Island and, you know she must have been very scared and everything.

Alana: Isabel y los demás boricuas estaban en un limbo. Puerto Rico “pertenecía a”, pero no era “parte de” los Estados Unidos. Eso suponía que aunque Estados Unidos les imponía sus gobernantes, no los reconocía como nacionales, ni como ciudadanos. Esto permitía que, por ejemplo, les negaran la entrada en los puestos fronterizos. Pero Isabel dijo: “No. No voy a volver. No me van a sacar”.

Belinda Torres-Mary:  She’s just like, “I’m not gonna go back because we are a US territory. So, you can’t kick me out.” 

Alana: Le habían negado la entrada al país que había invadido su patria, y ella se iba a convertir en una de las primeras personas que intentaría obligar a los Estados Unidos a enfrentar esa hipocresía. 

Belinda Torres-Mary: America has told her in not so many words, “who do you think you are coming to this country?” 

Alana: Estados Unidos le había dicho, en pocas palabras, “¿Quién te crees que eres viniendo a este país?” 

Belinda Torres-Mary: “You don’t belong here.” And she’s like, “No. Who do you think you are to treat me that way?”

Alana: Y ella le contestó… ¿Quién tú te crees que eres para tratarme así?

Isabel insistió tanto que llegaría con su desafío hasta el Tribunal Supremo de Estados Unidos, y al hacerlo, iba a representar a todos los boricuas. Y todo el imperio estadounidense estaría pendiente.

[La Brega tema musical]

Para Futuro Studios, yo soy Alana Casanova-Burgess y esto es La Brega. En este episodio: Isabel González va al Tribunal Supremo de Estados Unidos.

BREAK

Belinda ha sido la guardiana de la historia de su bisabuela por gran parte de su vida. El abuelo de Belinda era el nieto de Isabel. Mientras se criaba, a Belinda le asaltaban muchas preguntas: ¿De dónde somos? ¿Cómo llegamos a Estados Unidos? ¿Y por qué? 

Belinda Torres-Mary: Where are we from? What does it all mean? Why did they come here? 

Alana: Y un día, su padre le mencionó un caso judicial, González contra Williams. Le dijo que el gobierno estadounidense intentó deportar a Isabel de vuelta a Puerto Rico. Y que su bisabuela dio la pelea e hizo algo que sigue siendo excepcional: decir que no.

Esto encendió aún más la curiosidad de Belinda, que empezó a investigar y armar el rompecabezas que fue la vida de su bisabuela. Ella está segura de que esto no es un asunto solo del pasado. Ella siente que el pasado y el presente corren en paralelo. 

[Música]

Todavía hay muchos misterios sobre la vida de Isabel en Puerto Rico. Sabemos que nació y se crió en San Juan. 

Belinda no está segura de por qué la familia se mudó a Nueva York. Pudo ser por el devastador paso del huracán San Ciriaco, justo un año después de la invasión estadounidense. Muchos boricuas, faltos de oportunidades, se vieron obligados a irse después de eso. Aunque parece que la familia de Isabel tenía, por lo menos, algo de dinero. 

Belinda Torres-Mary: I had heard some stories that at one point, the family was a little bit better off.

Alana: Se dice que existe una foto de Isabel en la que ella está posando como amazona, sentada de lado sobre un caballo, vistiendo un traje blanco largo. Luce como una dama muy elegante.

Belinda Torres-Mary: She’s looking more a fancy lady.

Alana: Belinda entiende que había familiares de Isabel que estaban activos políticamente. Y que eran revolucionarios.

Belinda Torres-Mary: Her family, they were revolutionaries back in Puerto Rico. 

[Música]

Alana: Domingo Collazo, el tío de Isabel, era un periodista con buenas conexiones en Nueva York. En los 1890, Domingo formó parte de un grupo de boricuas en la ciudad que simpatizaban con la independencia de Puerto Rico, y la de Cuba también. 

Estuvo presente en las reuniones en que se diseñó la bandera puertorriqueña en la ciudad. 

Inicialmente, Domingo estuvo de acuerdo con la invasión de Puerto Rico, pero las acciones y las políticas públicas implementadas por Estados Unidos lo decepcionaron. Así que, cuando su sobrina Isabel llegó a Ellis Island y se topó con el rechazo, Domingo se volcó en ayudar. Contactó abogados para apelar la decisión, y consiguieron que la dejaran entrar al país bajo fianza. Por eso, mientras un juez federal consideraba su caso, Isabel pudo dar a luz a su hija Eva en la casa de sus tíos. 

Isabel se llegó a casar con el “prometido” que su tía y tío anunciaron cuando la fueron a buscar por primera vez. Ya no sería vista como una carga para el Estado y su caso se podría cerrar. Pero ella mantuvo el matrimonio en secreto para que el caso continuara. ¿Por qué? Por qué el caso ya no era solo suyo, sino un litigio que podía cambiar la vida de todos los puertorriqueños.

Belinda Torres-Mary: It would’ve been easy for her, like, imagine, you just had a baby, like, “I’m done with this, like I have a way out.” She didn’t choose that way out. 

Alana: Belinda sabe que habría sido mucho más fácil para Isabel seguir su vida sin un caso encima. Ella acababa de tener su bebé. Pero Isabel persistió. 

Pasaron semanas. El tío Domingo enviaba cartas a periódicos de Puerto Rico para informar cómo iba el caso. No era muy optimista. Escribió: “Los americanos quieren la jaula, pero rechazan los pájaros”. Y entonces, llegó la noticia: 

ARCHIVAL – The New York Times 1902

Voiceover: “La señora González, por no haber nacido en el continente ni estar naturalizada en Norteamérica, es extranjera y queda sujeta a las mismas leyes que los súbditos de otros países a su llegada a Norteamérica”. 

Boletín Mercantil de Puerto Rico, 9 de Octubre, 1902

Alana: Isabel y su tío Domingo no perdieron el tiempo. Hicieron lo que se suele hacer cuando quieres cambiar una ley: apelar ante el Tribunal Supremo. El desafío de Isabel había instigado una pregunta. Los periódicos le dedicaron titulares: 

ARCHIVAL – The Brooklyn Eagle 1902

Voiceover: “Are Puerto Ricans Aliens?” (“¿Los portorriqueños son extranjeros”?)

The Brooklyn Eagle, 21 de agosto de 1902 

Alana: En el tribunal de la opinión pública, a Isabel le ayudaba que era viuda. 

Esto se veía como algo más respetable que ser soltera. A otros boricuas los habían deportado antes, pero no tenían una historia como la de Isabel, ni tampoco un familiar con conexiones mediáticas. 

Jessica Méndez-Colberg: Si ella hubiese sido hombre, viajando sola, no le hubiese ocurrido eso. No tendríamos este caso González versus Williams.  

Alana: Jessica Méndez-Colberg es abogada en Puerto Rico y conoce este caso muy bien.

Jessica Méndez-Colberg: O sea, que ella está enfrentando el colonialismo y el patriarcado a la misma vez. Esas son cargas difíciles de llevar.

Alana: Todos estaban ansiosos por saber qué diría el juez federal. Hasta Williams, el que estaba a cargo en Ellis Island, le dijo a un periódico que la decisión no solo afectaría a los boricuas, sino a todos los inmigrantes de las posesiones insulares de Estados Unidos. 

[Música]

En 1902, Estados Unidos era ya un imperio. A sus nuevas colonias —como las Filipinas, Hawái, Guam y Puerto Rico— las llamaban “territorios insulares”. Y no estaba claro cómo aplicaría la Constitución en estos lugares lejanos. Era una confusión por diseño. 

El gobierno estaba utilizando un término contradictorio para referirse a los puertorriqueños: “nacional no ciudadano”. Pero, ¿qué significaba eso, ser “nacional” y no ciudadano? ¿Qué tipo de derechos tendría esa persona? En otras ocasiones, usaban el término “ciudadano puertorriqueño”. En ese caso: ¿qué significaba ser ciudadano de un territorio sin soberanía política?

Estas preguntas tan pertinentes estaban ante la consideración del Tribunal Supremo de Estados Unidos y serían el centro de una serie de decisiones judiciales que se conocen como los “casos insulares”. 

Jessica Méndez-Colberg: Estos casos son los que establecen, sin ninguna base constitucional realmente, que Puerto Rico pertenece a, pero no es parte de Estados Unidos.

Alana: Los cuestionamientos legales de estos casos eran variados, pero todos, al final, tenían que ver con lo mismo. Por ejemplo, un año antes de que detuvieran a Isabel, el Supremo estaba considerando si había que pagar aranceles por las chinas que se importaban desde Puerto Rico. Pero, realmente, el caso no era sobre las frutas. La pregunta clave era: ¿Qué es Puerto Rico: es parte de los Estados Unidos o no?

Los jueces del Supremo decidieron que, si alguien quería importar chinas desde Puerto Rico, tenía que pagar aranceles… porque Puerto Rico no era parte de los Estados Unidos. 

Fue, en ese contexto, que le denegaron la entrada a Isabel. 

Jessica Méndez-Colberg: Vemos un lenguaje literal en los casos de savages, de uncivilized people, de aliens,  que denotan que la consideración para tomar estas decisiones es que somos de distintas razas, somos personas que hablamos otro idioma. 

Alana: Somos salvajes. 

Jessica Méndez-Colberg: Somos unos salvajes que no nos merecemos que nos aplique la Constitución de Estados Unidos. 

Alana: Por esos prejuicios sobre la población, es que los jueces escriben en el caso de las chinas que —y estoy traduciendo aquí—  “la administración del gobierno y la justicia según los principios anglosajones podría ser imposible por un tiempo”. 

Hoy, se reconoce claramente que los casos insulares son racistas. 

Jessica Méndez-Colberg: Es bien frustrante y da coraje. Da coraje hasta porque cuando tú lees los los casos dicen “Porto Rico”. Porque, entonces, te invaden y después ni siquiera tienen la decencia de escribir nuestro nombre bien.

Alana: O sea, P – O. 

Jessica Méndez-Colberg: P – O, Porto Rico.

Alana: Detrás de estos pretextos del imperio, surgía una pregunta central: 

¿Qué significa que estas personas “incivilizadas” puedan participar de algo tan “sagrado” como la democracia estadounidense? 

O, como la interpreta Belinda…

Belinda Torres-Mary: And what would that do to the vote if everyone were allowed to come in and vote? And could they be capable of that? 

Alana: ¿Qué pasaría con las elecciones si toda esta gente pudiera venir y votar? ¿Qué impacto tendría eso en Estados Unidos?

Isabel consiguió un nuevo abogado para que le representara en la Corte Suprema. El mismo jurista que desafió al gobierno en el caso de las chinas. Y… recibió más ayuda. 

Puerto Rico nunca ha tenido derecho al voto en el Congreso estadounidense. Con lo que sí cuenta, es con un representante en Washington D. C., vinculado al Congreso, pero que no puede votar: un comisionado residente. 

Esa posición se creó en 1900, dos años antes de la llegada de Isabel. Y la primera persona electa a ese puesto se convertiría en un importante aliado para Isabel. Esa persona fue Federico Degetau y González. 

[Música]

Nieve de los Ángeles Vázquez:  No nos han contado casi nada de él.

Nieve de los Ángeles Vázquez es profesora en la Universidad de Puerto Rico. 

Nieve de los Ángeles Vázquez: No se sabe mucho. Yo he hecho encuestas con mis estudiantes universitarios y la mayoría me ha dicho que ni siquiera ha escuchado el nombre. Esto, eso es terrible. 

Federico Degetau era un abogado que hablaba múltiples idiomas y vivió un tiempo en Europa. 

Nieve de los Ángeles Vázquez: Hay referencias a los libros que estaba leyendo y… ¡buff! 

Alana: Tenía una gran admiración académica por la Constitución de los Estados Unidos y por el sistema republicano de gobierno. 

Nieve de los Ángeles Vázquez: Federico Degetau, el hombre, yo, yo estoy asombrada con él.

Alana: ¡Se nota!

Nieve de los Ángeles Vázquez:  Se nota, ¿verdad?

Alana: Federico no solo era un hombre con intereses académicos, también consultaba a una médium en el Viejo San Juan que le ayudaba a conectar con los espíritus. 

Algunos de esos espíritus eran figuras históricas de Puerto Rico, como Ramón Emeterio Betances. Sabemos esto porque Federico llevaba un meticuloso diario de estos encuentros, y Nieve ha encontrado que algunas de las predicciones fueron increíblemente certeras. 

Nieve de los Ángeles Vázquez:  Y, desde un año antes, se lo estaban advirtiendo, que se preparara, que estudiara inglés, porque se iba pa’ Washington.

Alana: Whaaat?

Nieve de los Ángeles Vázquez:  Está en el diario. Y él, además, obedece mucho a las instrucciones. 

Alana: Así que, cuando lo eligieron comisionado residente, no se sorprendió. Pero ni él — ni nadie, realmente— sabía cómo funcionaría este nuevo puesto electivo. 

Nieve de los Ángeles Vázquez: Era un invento nuevísimo. Cuando él llega, que llega con ese (cargo de) comisionado residente, que no puede hablar… No puede ni siquiera hablar con los representantes en el Congreso. 

Alana: Se supone que Federico iba a Washington para representar a los boricuas, pero ni siquiera tenía una silla asignada en el Congreso y tampoco tenía derecho a debatir en el hemiciclo. 

Nieve de los Ángeles Vázquez:  Tampoco tenía derecho a voto. 

Alana: ¿Y qué más hay? 

Nieve de los Ángeles Vázquez:  Exactamente, era una pantomima. De hecho, uno de los periódicos de Estados Unidos dice que, si Federico Degetau logra pasar el lobby del Congreso, ya cumplió con todas las expectativas que se tenía de él. 

Alana: Pero, es que Federico… Federico era guapísimo. Tenía una barba realmente decimonónica: abundante y bien cuidada. Siempre con su frente alta. Hay varias fotos donde sale mirando fijamente a la cámara. Hay una en específico que hoy en día sería ideal para su perfil de Tinder: Federico está mirando a la cámara con una leve sonrisa y los brazos cruzados. Parece que se prepara para hablarte desde la otra esquina de la barra. Está con la cabeza algo inclinada y las cejas un poco arqueadas… Creo que hoy en día a esto le llaman un thirst trap.

[Música]

Nieve de los Ángeles Vázquez:  Y él llega con su porte y su inteligencia. Un hombre muy alto. Impresionaba cuando hablaba. Los periódicos dicen que los ojos le brillaban. Muy español en su forma. Gesticula, es alto, da zancadas largas, se movía mucho; muy dramático.

Alana: Decían que era uno de los hombres más bellos en Washington, y hablaban de —y aquí estoy citando— su “físico espléndido”.

Nieve de los Ángeles Vázquez: Esto no es normal. Yo no vi estas descripciones en —yo que me he leído estos periódicos— esto no es normal que lo digan. 

Alana: Claro, Federico tenía unos privilegios de clase y raza que favorecían esta reacción. 

Nieve de los Ángeles Vázquez: Si no hubiera sido guapo o blanco o alto o refinado, probablemente se hubiera cumplido la profecía de que no vas a pasar ni siquiera del lobby. 

Alana: Recuerda que, en los círculos de Washington, predominaba la idea de que los boricuas, filipinos o hawaianos éramos un chorro de salvajes, y las representaciones de nuestra cultura estaban plagadas de esos prejuicios y de un racismo antinegro.

En libros, revistas y periódicos, se publicaban ilustraciones de niños negros y marrones a los que un imponente Tío Sam daba lecciones. 

Pero aquí estaba Federico Degetau, con su barba acicalada, trajes hechos a la medida y andar seguro, y demostrando lo mucho que los puertorriqueños sabían sobre democracia. Poco a poco, se los fue echando al bolsillo. 

Le asignaron una silla en el hemiciclo, desde donde podía presenciar los trabajos, pero hablar también. Y consiguió que le permitieran presentar proyectos y ser parte de los comités.

Nieve de los Ángeles Vázquez:  De allá para acá, no ha habido ningún cambio, ninguna mejoría. Todavía estamos exactamente en el mismo lugar donde Federico, donde Federico lo dejó. ¿Y qué hubiera pasado si él no hubiera logrado eso? Pues estaríamos, con toda probabilidad —estoy haciendo contra historia, pero me atrevo a decirlo—  porque nadie más hace nada. 

Alana: Ahora bien, Federico no era perfecto. Mientras ocupaba su puesto en Washington, unos puertorriqueños en Hawái denunciaron los abusos que sufrían en unas plantaciones de azúcar allá. Cuando los dueños negaron que hubiera malos tratos, Federico dio su versión por buena y despachó el asunto. 

Federico estaba centrado en establecer que los boricuas eran ciudadanos estadounidenses, ciudadanos que merecían ser parte del gran experimento democrático de los Estados Unidos. Ese proyecto político que, al menos en esa época, tanto lo entusiasmaba. 

Nieve me cuenta que, con ese fin, empezó a inventárselas. Por ejemplo, se propuso como miembro del Colegio de Abogados de la Corte Suprema, para poder presentar y argumentar casos. Es una posición que solo estaba disponible para ciudadanos estadounidenses. 

Nieve de los Ángeles Vázquez: Si me dicen que sí, perfecto, demuestro mi teoría de que, si hay un requisito de ser ciudadano y me aceptaron a mí, pues los puertorriqueños somos ciudadanos. Y, para la sorpresa de todo el mundo, el Tribunal Supremo lo acepta.

Alana: Pero el tribunal lo deja claro: solo lo admiten a él, sin que eso implique que sea ciudadano. Una y otra vez, Federico recibe de parte del gobierno este tipo de concesión, estos tratos particulares que son solo para él, pero no para los demás puertorriqueños.

[Música]

Así que, cuando supo del caso de Isabel González, Federico vio una nueva oportunidad. Que ese caso podría ser…

Nieve de los Ángeles Vázquez:  Lo que le llaman test case, que le sirva para llegar al Supremo. 

Alana: Con este test case —un caso que pone a prueba la doctrina vigente—, una compatriota estaba dispuesta a llegar hasta el más alto tribunal para demostrar que Estados Unidos no podía negarles sus derechos a los boricuas. 

Al regreso, Federico e Isabel juntan fuerzas. Esto es La Brega. 

BREAK

Alana: Para Belinda, es evidente la pertinencia del caso de su bisabuela.

Belinda Torres-Mary:  Well, this is so pertinent now, right? 

Alana: Como en cada elección presidencial, se debate sobre los derechos de los inmigrantes. 

Belinda Torres-Mary: Who is worthy and who is not, is what it amounts to, in my opinion.

Alana: Es lo mismo que Isabel estaba enfrentando.

[Música]

Belinda tiene una foto de Isabel de esa época, cuando el debate de su caso estaba a flor de piel. Se especula que su abogado encargó la foto para circularla en Estados Unidos y demostrar que esta boricua merecía ser ciudadana. 

En la foto, Isabel aparenta ser blanca. Está mirando a la distancia, así que solo se le ve un lado de la cara. Tiene el pelo recogido, marrón claro (realmente, el pelo se ve hasta rojo), y viste una blusa blanca de cuello alto y unos guantes del mismo color. 

Belinda Torres-Mary: Very prim and proper looking, I would say. And just the way she’s standing with that straight spine. 

Alana: A Belinda, le llama mucho la atención su pose: tiene las manos sobre el espaldar de una silla, y está erguida. Tiene los labios un poco apretados. Isabel se ve firme.   

Belinda Torres-Mary: Her lips they’re almost pursed. It’s almost like with a firmness of character.

Alana: Isabel y Federico estaban en los Estados Unidos representando a los boricuas usando sus historias personales y sus privilegios. 

En sus escritos, resalta cómo cada uno defendía su sentido de pertenencia de maneras muy distintas. Él se mostraba encantador; ella exigía. Él hablaba de su admiración por los Estados Unidos; ella pedía que se respetaran sus derechos.  

Isabel y su tío Domingo enviaron cartas realmente mordaces a los periódicos más importantes de Estados Unidos.  

En 1905, el New York Times publicó una serie de cartas bajo la firma de Isabel. Aquí, algunos fragmentos traducidos:

[Música]

ARCHIVAL – The New York Times 1905

Isabel González Voiceover: Las leyes orgánicas de Porto Rico están plagadas de distintos códigos estatales impuestos por los gobernantes estadounidenses que han trasladado a la isla esos marcos legales.

Nuestro país quiere sus propias (libertades). No vamos a pedir que les quiten o les otorgen libertades o el sufragio a Kentucky o Oklahoma. Estaríamos pidiendo que nos devuelvan las (libertades) que teníamos, esas que ejercíamos cuando el general Miles fue a Porto Rico para “salvarnos”, y proclamó a los cuatro vientos su discurso “libertador”, que ha terminado siendo una amarga burla y papel mojado. 

Alana: Federico, por su parte, tenía tanta admiración por Estados Unidos y su constitución que hasta le escribió al presidente Theodore Roosevelt. 

En la carta, sus elogios fueron tantos que, al responderle, el presidente se refirió a Federico y a los puertorriqueños como sus fellow Americans.

El caso de Isabel consumía a Federico. Tanto así, que un amigo escribió: “No pensaba él en otra cosa”. 

Para apoyarla, Federico sometió una moción ante el Supremo, donde destacó cuán desconcertantes eran los argumentos para negar la ciudadanía a los puertorriqueños.

A lo largo de 42 páginas, Degetau desmenuza el argumento del gobierno. Aquí, una traducción: 

ARCHIVAL – Degetau SCOTUS Brief

Federico Degetau Voiceover: “Mantengo que ningún puerto del territorio de Porto Rico puede ser considerado como un puerto extranjero para el propósito de las leyes migratorias, y que, inclusive, si la peticionaria fuera extranjera —algo que niego— las provisiones de las leyes migratorias no deberían aplicarle”.

Alana: Y, lamentablemente, también destaca a Puerto Rico sobre las demás colonias de Estados Unidos. 

ARCHIVAL – Degetau SCOTUS Brief

Federico Degetau Voiceover: “En el caso de Porto Rico, el juramento requerido de los habitantes durante el gobierno militar fue una simple renuncia a cualquier lealtad extranjera y una aceptación explícita de los deberes de la ciudadanía americana”.

[Música]

Alana: Y, una vez más, se usa a sí mismo de ejemplo para ilustrar su argumento:

ARCHIVAL – Degetau SCOTUS Brief

Federico Degetau Voiceover: “Si yo fuera un extranjero, no habría podido alcanzar el mayor honor de mi carrera profesional: haber jurado como miembro del Colegio de este honorable tribunal; mantener la Constitución de los Estados Unidos”.

Alana: En su decisión, los jueces del Supremo dijeron que la argumentación de Federico había sido “excelente”. Pero, aparte de eso, solo se limitaron a contestar la pregunta de si Isabel era extranjera. Y decidieron que no, no lo era. Los periódicos lo reseñaron como una victoria para Puerto Rico:

ARCHIVAL – San Juan News 1904

Voiceover: “Porto Ricans Not Aliens; No Somos Extranjeros.”

San Juan News, 6 de enero de 1904   

Alana: Pero los jueces del Supremo habían ignorado el tema de la ciudadanía. Domingo Collazo, el tío de Isabel, dijo que la decisión del tribunal fue más bien no decidir. 

El caso se había convertido en uno más de los casos insulares. Para Federico, este fue otro golpe bajo. Los jueces alabaron sus dotes como jurista, pero no siguieron su lógica. Eventualmente, su espiritista le diría que no había mucho que buscar en Washington y que recogiera sus motetes. 

Nieve de los Ángeles Vázquez:  Le dice: “Federico, no hay nada que hacer. Puerto Rico está rodeado de espíritus oscuros”. Eh, y, y él, él obedece.

Alana: Federico vivió el resto de sus días junto a su esposa en Aibonito, pero no lo suficiente para ver cómo, en 1917, Estados Unidos dio la ciudadanía a los puertorriqueños.

Al morir, tres años antes de eso, donó tierras, libros y su colección de arte al pueblo de Puerto Rico, y lo enterraron humildemente en un cementerio que hoy se está cayendo en cantos. Nieve ha intentado que muevan sus restos a un lugar más adecuado, pero no ha tenido éxito. 

Sabemos que los caminos de Federico e Isabel se cruzaron al menos una vez más después del caso. Existe un fragmento de una carta que Isabel le escribió a Federico en abril de 1904. Nieve la compartió con nosotros. Está escrita con una letra cursiva clara y redondeada. 

Alana: ¿Me podrías leer la carta?

Nieve de los Ángeles Vázquez:  ”Distinguido compatriota”. Le llama compatriota, miren también las palabras…

Alana: En Puerto Rico, el uso de “compatriota” suele asociarse con revolucionarios pro independencia. 

Nieve de los Ángeles Vázquez: “La presente tiene por objeto molestarle acerca de un asunto que, al contárselo en detallado, no dudo abrirá las puertas de su corazón. Para ayudarme a conseguir lo que me propongo”…

Alana: Suena formal, pero afectiva. 

Es evidente que Isabel va a pedirle ayuda. Pero, lamentablemente, no sabemos para qué: la carta está incompleta.

Nieve de los Ángeles Vázquez:  ”Quedo, afectísimamente, su paisana, que le respeta. Isabel González”. Y: “Staten Island, Nueva York”.

[Música]

Alana: Años después de la decisión del Supremo, Isabel se divorció. Más tarde, se casó con el bisabuelo de Belinda. Con él, tuvo tres hijos, que a su vez se casaron y tuvieron más hijos, y así sucesivamente. En la familia de Isabel, hay un sentir de que su desafío legal fue exitoso. 

Belinda recuerda cómo su bisabuelo, Juan Franciso Torres, estaba bien orgulloso de su esposa Isabel. 

 Belinda Torres-Mary: He was always saying, “just look at my wife.” 

Alana: Cómo buscaba cualquier pretexto para contar cómo ella había cambiado las leyes, que se había enfrentado al gobierno y había ganado. 

Belinda Torres-Mary: “She fought the US government, US immigration, and won.” 

Alana: Mientras Federico quedó alicaído por el asunto de la ciudadanía, a Isabel esto pareció motivarla. Fue entonces cuando empezó a enviarle cartas al New York Times. 

Nieve tiene dudas sobre la autoría de esas cartas, si quizás fue Domingo quien las escribió, usando el nombre de Isabel y su fama para lograr que se publicaran. 

Pero, Belinda cree que la Isabel que ella ha conocido a través de los cuentos familiares y de su investigación pudo haber escrito esas misivas que el New York Times publicó:

Belinda Torres-Mary:  I am choosing to see it in this way whether it ends up being right or not, but in the end, I have enough of a constellation of evidence…

Alana: Ella ha querido verlo de esta manera: Que su bisabuela, con ocho meses de embarazo, decidió quedarse y pelear y atravesar el umbral de lo desconocido y enfrentarlo con bravura. 

Por eso, Belinda dice que cualquier desafío que ella enfrenta ahora en su vida le parece pequeño. 

Belinda Torres-Mary: So if she can do that    my woes are petty in comparison, just petty. 

Alana: Su bisabuela la inspira en esos momentos, cuando siente como si caminara, lado a lado, junto a ella. 

No ha cambiado mucho desde que Isabel llevó su reclamo, hace más de un siglo, ante el Tribunal Supremo. Los boricuas son ciudadanos estadounidenses, sí, pero la gente de Samoa Americana, no. Ni ellos ni los boricuas del archipiélago tienen derecho a votar en las elecciones federales y tampoco tienen representación con voto en el Congreso. 

A los puertorriqueños que viven en Puerto Rico, se les niegan derechos que tendrían si vivieran en los estados, y esto se debe en gran parte a que los casos insulares siguen vigentes.

Pero, hace solo unos años, otra mujer puertorriqueña se atrevió a caminar por el umbral de lo desconocido, y representar a Puerto Rico para retar al gobierno de Estados Unidos. 

Jessica Méndez-Colberg: Es cuesta arriba, es tirarle piedras a la Luna, pero tú lo haces por principio. Tú lo haces porque tú pones ese granito de arena en esta historia larga de coloniaje para que, eventualmente, todos estos temas se puedan seguir discutiendo.

Alana: Jessica Méndez Colberg es la abogada que escuchaste más temprano en este episodio. 

En 2019, fue a Washington D.C. y, aunque sabía que era difícil, decidió pedirle al Tribunal Supremo que revocara los casos insulares. 

Jessica Méndez-Colberg:   Esa fue la primera vez en la historia de ese tribunal que estábamos pidiendo que se derogaran los casos insulares.

ARCHIVO – Financial Oversight and Management Board for Puerto Rico v. Aurelius Investment, LLC


Justice Roberts:  We’ll hear argument today in case 18 13 34, the Financial Oversight and Management Board for Puerto Rico versus Aurelius Investment and the consolidated cases. 

Alana: Era un caso complicado. Involucraba a la junta de control fiscal, el organismo no electo que controla las finanzas de Puerto Rico desde el 2016. 

En sus análisis, Jessica no podía ignorar que la imposición de esa misma junta había sido posible gracias a los casos insulares. Jessica trabajaba en un pequeño bufete de Ponce y representaba a la principal unión de la Autoridad de Energía Eléctrica. 

Jessica Méndez-Colberg:  Fue una decisión estratégica también el que el Tribunal Supremo viera una cara diferente a lo que siempre están acostumbrados, que es este hombre blanco, mayor, articulado y, con, obviamente, con su inglés perfecto, y que ya lo han visto quinientas veces. 

Alana: Para Jessica, que tenía 33 años, era su primera vez. 

Jessica Méndez-Colberg: Yo fui unos días antes para recordar y reforzar esta idea que yo tengo de que son personas. Son personas como tú y como yo, que están en una posición de poder.

Alana: Y Jessica era consciente de las expectativas.

Jessica Méndez-Colberg: Todo un país, todo Puerto Rico está viendo qué va a pasar aquí. Pues, vamos pa’llá. 

[Música]

Alana: Jessica y los demás abogados negociaron cómo se iba a distribuir el tiempo. 

Al final, solo disponía de 10 minutos para argumentar que era necesario revocar los casos insulares. 

Jessica Méndez-Colberg: Bueno, yo hubiese querido decirles mil cosas, definitivamente.

ARCHIVO – Financial Oversight and Management Board for Puerto Rico v. Aurelius Investment, LLC

Justice Roberts:  Ms. Mendez Colberg. 

Jessica Méndez-Colberg: Mr. Chief Justice, and may it please the court…

Jessica Méndez-Colberg: Incluso, cuando yo digo: “En ese edificio, que tú ves, te paras al frente y dice: ‘Equal Justice under Law’”… 

Alana: “Justicia igual para todos bajo la ley”. 

Jessica Méndez-Colberg: Nos encontramos con esa frase, pero eso no es igual para todo el mundo. 

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Jessica Méndez-Colberg: The insular cases stretch that tenet into its breaking point.

Jessica Méndez-Colberg: “Cuando yo regreso a Puerto Rico, yo tengo una serie de derechos menos que los que tengo cuando estoy aquí”.

 Jessica Méndez-Colberg:  Hubo un intercambio con el Chief Justice —¿verdad?— con Roberts…

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Justice Roberts:  None of the other parties rely on the insular cases in any way. So it would be very unusual for us to address them in this case, wouldn’t it?

Jessica Méndez-Colberg: Y entonces él me hace esa pregunta, pues, como, vamos a despachar esto porque esto no es algo que está, que no es la cuestión del caso, ¿verdad?  De hecho, él estaba súpercerca de mí. No pensaba que el podio iba a quedar tan cerca, pero sí. 

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Jessica Méndez-Colberg:  Well, your Honor, they relied on the insular cases since the beginning of the proceedings… 

Jessica Méndez-Colberg: Lo que pasa es que, cuando tú desmoronas el, el caso que te están citando, que viene citando el otro anterior y el otro anterior y el otro anterior, llegas al 1902. ¿Verdad?  Los casos insulares permiten que tú puedas hacer distinciones en la manera en cómo legislas eh, para un territorio, que no lo puedes hacer para un estado. Por ejemplo, imponer una junta de control fiscal. Tú no le puedes hacer eso a un estado.

Alana: Y no solo eso, Jessica les quería recordar el caso Korematsu, una decisión infame que justificó la detención de ciudadanos estadounidenses de ascendencia japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. El Supremo había repudiado esa decisión en un caso reciente. 

Jessica Méndez-Colberg: “Lo revocamos”, pero dijo: “Even though it has nothing to do with this case, it is morally repugnant” y… ¡boom!: revocado. Entonces, ¿tú me vas a a decir a mí, tú mismo que escribiste aquello, que tú no puedes revocar los casos insulares, que son igual de “morally repugnant”, porque no tiene nada que ver con este caso? Pues, yo le contesté eso. 

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Jessica Méndez-Colberg:  The court said that the case had nothing to do with the Trump versus Hawaii case, but still it was a morally repugnant doctrine… 

Alana: Entonces, Jessica recibió preguntas de los jueces Kavanaugh, Ginsburg y Breyer. Y, luego de eso, se acabó.

Jessica Méndez-Colberg: En ese foro, no se puede ser tan optimista. Sabíamos que habíamos hecho el trabajo.

Alana: Perdieron… 

Desde entonces, ha habido otros reclamos sobre los casos insulares, pero los jueces del Supremo no se han atrevido a eliminarlos, aunque el juez Gorsuch los tildó de “vergonzosos”.

[Música]

Alana: Pero, Jessica ve su esfuerzo ante el Supremo como un eslabón que se suma a una larga cadena de desafíos que incluye a Isabel. 

Jessica Méndez-Colberg: Todavía, a más de 100 años, estamos todavía en esa subordinación política. Con un Tribunal Supremo que no quiere asumir la responsabilidad de lo que, en aquel momento, discriminatoriamente, expresó. Que todavía lo mantienen como buena ley. Un gobierno de Estados Unidos que todavía nos mantiene en esta relación colonial de eh, mintiéndole a las Naciones Unidas, mintiéndole al mundo. Pues, mira, este, la realidad es que hoy hay que luchar tanto o más que lo que luchó Isabel.

Alana: Jessica solo tuvo 10 minutos y los usó completitos. Federico e Isabel tuvieron restricciones sobre dónde y cómo podían hablar, pero, igualmente, alzaron sus voces, aprovecharon sus conexiones y hasta la ventaja de cómo lucían y cómo los percibían. El problema es que, en muchas ocasiones, eso no lo es todo. 

Con cien años de por medio, todos podían confiar en su habilidad de hablar fuerte y claro en su defensa de Puerto Rico, pero no podían saber si los iban a escuchar. 

[Música]

En el próximo episodio de La Brega, nos adentramos en el mundo de los certámenes de belleza y confirmamos que no solo triunfan las “Miss Puerto Rico”, “Míster Puerto Rico” también.

Este episodio lo escribí yo, Alana Casanova-Burgess. Lo produjo Ezequiel Rodríguez Andino y lo editaron Laura Pérez, María García y Marlon Bishop. Nuestra productora senior es Nicole Rothwell. 

El arte original para este episodio es de Elizabeth Barreto. Mil gracias esta semana a Sam Erman, autor del libro “Almost Citizens: Puerto Rico, the U.S. Constitution, and Empire”, un recurso indispensable para este tema, y gracias a Christina Duffy Ponsa-Kraus, Belinda Torres-Mary, Nieve de los Ángeles Vázquez y Rebeca Ibarra. Gracias especiales a Mario Roche por leer los partes de prensa y ser la voz de Federico Degetau, y a Laura Pérez por ser nuestra Isabel González. Y gracias a Sara Cruz Castro y Wanda Aponte, de Radio Universidad, por facilitar un estudio para este episodio. 

El equipo de La Brega incluye a Nicole Rothwell, Ezequiel Rodríguez Andino, Laura Pérez, Liliana Ruiz, Roxana Aguirre, María García y Marlon Bishop. 

Nuestras gerentes de producción son Jessica Ellis y Victoria Estrada y recibieron asistencia de Francis Poon. Y nuestro equipo de marketing incluye a Anhelo Reyes y Luis Luna, con el apoyo de Paloma Pérez y Jackie Hill.

La verificación de datos de esta temporada estuvo a cargo de Tatiana Díaz y Laura Moscoso.

El diseño sonoro es de Jacob Rosati. 

Nuestras ingenieras de sonido son Stephanie Lebow, Julia Caruso, Jacob Rosati y JJ Querubin.

Selección musical por Jacob Rosati y Stephanie Lebow.

La canción oficial de La Brega es de ÌFÉ. La música original que escuchas en nuestros episodios es de Balún. 

Nuestros productores ejecutivos son Marlon Bishop, María García y yo, Alana Casanova-Burgess.

Revisión legal por ProJourn. Y autorización por Fisher Legal Arts; Jonathan Fisher. 

María Hinojosa es la fundadora de Futuro Media. 

La Brega es una producción de Futuro Studios. Esta temporada de La Brega existe gracias a The Mellon Foundation.

Chequea nuestra página web, labregapodcast.org, para más información y para leer la transcripción de este episodio. 

¡Nos escuchamos pronto!… Bye!